En el mundo okupa cada día encontramos un caso que nos sorprende. Hemos conocido historias que demuestran la caradura y la impunidad con la que actúan: como los que habían convertido la vivienda en un piso turístico y Hacienda multó al propietario o, aquellos que no se iban porque el banco le iba a quitar la casa al propietario, entonces se quedaban hasta que la vivienda fuera del banco. O el okupa que presume con orgullo de no pagar suministro alguno: "lo paga el ayuntamiento"
El Gobierno y la izquierda los sigue defendiendo como vulnerables atacados por pérfidos rentistas, pero los casos desmontan este planteamiento. Ya lo dejó claro Laura García, portavoz del sindicato policial Jupol: "Estoy en la UPR, he ido a infinidad de desalojos y les doy mi palabra, y casi la de todos mis compañeros, que nunca hemos ido a una casa que esté okupada por personas vulnerables. Casi todo son chorizos, son jetas, son multirreincidentes".
Un nuevo ejemplo que desmonta el discurso del Gobierno llega desde Calvià (Mallorca). Como ha podido saber Okdiario, el 1 de agosto de 2024 una familia propietaria de una vivienda de lujo alquiló su inmueble a una empresario danés. El precio acordada eran 3.000 euros mensuales, dos meses de fianza y seis meses pagados por adelantado.
Según cuenta el medio los primeros meses transcurrieron sin problemas, pero el empresario volvió a su país y dejo en la casa a su pareja: una mujer cubana con dos hijos menores. Tal y como se ha podido conocer por fuentes cercanas, esta mujer ya había tenido problemas de impagos y conflictos en otras viviendas.
En octubre del pasado año, el empresario comunica a la inmobiliaria y a la propiedad que se ha separado de su pareja y que deben hablar con ella directamente para gestionar el alquiler. La mujer ha decidido atrincherarse y convertirse en okupa, sin pagar el alquiler. Ha sido denunciada ante la la Guardia Civil por presuntas amenazas: "Ten cuidado cuando vayas por la calle"; "Tengo un amigo cubano que es como un armario de grande" o "Un día te vas a girar y te vas a llevar una sorpresa, porque en Cuba las cosas funcionan de otra manera". Según consta en la denuncia, la mujer llegó a afirmar que tenía "todo el derecho del mundo a vivir en esta casa, que es mía y no tuya".
Los vecinos también sufren esta situación, aseguran vivir una auténtica pesadilla, la presidenta de la comunidad, representándoles, ha remitido una carta formal de queja denunciando el comportamiento de la okupa y el grave deterioro de la convivencia. Los propietarios tienen pocas esperanzas de recuperar su casa y miedo de que, si la recuperaran, el estado sea lamentable por los daños materiales. A lo que se suma que deben seguir pagando luz, agua, impuestos, comunidad, gastos que superan los 1.000 euros mensuales.