La nota de la Conferencia Episcopal Española (CEE) se titula "El corazón habla al corazón". Merece la pena. Trata sobre el papel de las emociones en la vida interior porque el trato con Dios no es cuestión de sentimientos, que no hay que confundir las causas con las consecuencias. Dios es amor y el amor es entrega; un acto cuasi racional. Por eso los sentimientos pasan pero el amor permanece. 

El espíritu de la nota episcopal se resume así: 

"En los últimos años se aprecian signos que indican un renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada “generación Z”, aquellos nativos digitales nacidos entre mediados de los 90 y la primera década del año 2000".

Bueno, espero que no estemos pensando en Rosalía, a la que monseñor Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), puso como ejemplo del renacer espiritual de España. Mejor no comentar.

Relacionado

Además cuando el bueno de Juan Enrique Newman hablaba del corazón que habla al corazón creo que andaba por los barrios de Benedicto XVI, el Papa que no dejaba de repetir que el cristianismo no es un qué, sino un quién.

Nada más lejos de mi intención que criticar la nota episcopal. Simplemente, digo que, aunque es verdad que tocamos al final de la era del clericalismo progre -¡Menos mal!-, hablar de una regeneración católica de España, bueno, me parece exagerado.

Sí, las nuevas generaciones no tienen prejuicios sobre la Iglesia pero les falta juicio cristiano. No tienen prejuicios porque no han sido formadas en una cosmovisión cristiana, como lo fueron sus padres y sus abuelos y por eso no se revuelven contra ella. Ahora bien, no tener prejuicios no implica tener juicio. 

Y algo mucho más prometedor: lo que sí está desapareciendo es la clerecía progre. Y esto es maravilloso, entre otras cosas porque el cura progre no tiene ningún éxito entre la juventud. No es para menos, los de mi generación estamos acostumbrados a la progresía, y por eso sus grandísimas sandeces no las tenemos por tales, las consideramos la monserga habitual, letanías propias de una generación de necios, el Mayo francés de 1968, la misma que divinizó la duda, esto es, la situación más frustrante para el ser racional llamado hombre.

No, la juventud no quiere dudas, quiere respuestas a sus preguntas.

Ahora bien, de corazón a corazón: de ahí a una regeneración espiritual de España...