Un estudio de la empresa Durcal concluye que el grupo de las personas dependientes, sobre todo ancianos, ha crecido un 30% desde 2019 y que los dependientes ya superan los 2,25 millones de personas en España. Según el propio estudio, basado en cifras del IMSERSO resulta que esta situación nos lleva a cambiar el modelo de cuidados familiares.

Traducido: que de los ancianos y dependientes en general, antes cuidaba la familia y ahora cuida el Estado. Ojo, no es sólo que el Estado ya haya sustituido a la familia en el ciudadano de nuestros vulnerables, porque el Estado se concreta en el Gobierno y el Gobierno no cuida a nadie. Lo que quiero decir es que, por el dinero, el dependiente depende del Estado y no hay más que hablar.  

No está en crisis el Estado del Bienestar -y si lo está, ya era hora de que lo estuviera-, lo que está en crisis es la familia

Pues ¿qué quieren que les diga? Si algún día me vuelvo dependiente, preferiría que me atendiera alguien para quien represente algo más que una obligación laboral. Si el Estado quiere ayudarle en tan benéfica función, estupendo pero prefiero no profesionalizar la cuestión. 

Y es que los ancianos no necesitan funcionarios, necesitan más familia. No hay que buscar nuevos modelos de familia: nos basta con el de la familia natural, que se ha demostrado un buen invento.

El simple hecho de que existan residencias de ancianos ya es un fracaso de los cristianos y de la sociedad. No digamos nada si decidimos que sea el Estado el que cuide de nuestros ancianos… con lo bien que cuida de los niños. Aquel muchacho que tutela corre el serio riesgo de acabar en la delincuencia, si se trata de una niña, en la prostitución.

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