Manuel Manrique, Carceller y Abelló aceptan la minusvalía. No se admiten petroleras, se buscan fondos de inversión. Eso sí, los disidentes de la banca acreedora quieren una venta superior, del 10%. En paralelo, el Gobierno mexicano obliga a Pemex a firmar la paz con Repsol

Manuel Manrique ha aceptado el dictamen -en su día expresado en el Consejo por la vía del sinuoso Matías Cortés- de Demetrio Carceller y Juan Abelló: para refinanciar la deuda de 4.900 millones de euros con el sindicato de bancos acreedores que dirigen Santander y City, hay que vender, aunque sea a pérdidas, entre un 5 y un 7% del paquete de Repsol. Un 5% de la petrolera supone ahora mismo 1.250 millones de euros.

No se admiten petroleras, no podrá, por tanto, ser Pemex, aunque los mexicanos aún no han roto oficialmente la sindicatura con Sacyr. No importa, cuando en la Cumbre del G-20, el presidente mexicano Felipe Calderón se acercó al presidente de Repsol, Antonio Brufau, para fumar la pipa de la paz, ya quedó claro que la sindicatura estaba rota. De hecho, el Gobierno federal ha obligado al director de Pemex, Juan José Suárez Coppel, a abandonar la batalla. Por ese lado, no habrá problemas.

No, fuentes de Sacyr aseguran a Hispanidad que sí ha habido petroleras interesadas pero que lo que se busca son fondos de inversión que confíen en el potencial al alza de la cotización de Repsol.

No, el problema no viene ni por Pemex ni por Repsol, el problema radica en que los bancos disidentes del consorcio, especialmente el City, y ahora Credit Agricole, que se ha pasado al lado de los montaraces, quieren que la cantidad finalmente refinanciada sea inferior, es decir, que no se venda un 5-7%, sino un 10%. Y el tiempo se acaba por cuanto a primeros de diciembre debería haberse alcanzado el acuerdo de refinanciación, que vence en la tercera semana del último mes del año.

Eulogio López

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