La ministra de Trabajo, Fátima Báñez, ha expuesto las líneas de la reforma laboral que el próximo viernes aprobara el Consejo de Ministros.

La ha calificado de completa y útil. Completa sí lo es, útil no lo parece. Todas las medidas apuntan al mantenimiento de salarios bajos e impuestos laborales altos.

Digámoslo otra vez: hay dos tipos de economía en el mundo: la occidental -América y Europa, principalmente- y la asiática, esto es China e India.

Por causa de la especulación financiera (pecado occidental, pero no se preocupen, chinos e indios están cayendo en él) la crisis la sufre ahora todo Occidente. Ahora bien, la solución consiste en mantener el modelo euro-americano, es decir, cristiano, es decir, el modelo justo, reprimiendo la especulación, no en adoptar el repugnante modelo asiático, es decir, panteísta.

Y la clave es la misma: el sistema chino se basa en la explotación laboral de los chinos, con salarios de miseria.

El mundo crece al 3,5%, pero gracias a la explotación laboral del mercado chino. Occidente debe competir con propietarios libres y proletarios bien pagados. Esta es la historia de la crisis. El resto es mero apéndice.

Mire usted, ministra Fátima Báñez, usted debe flexibilizar el mercado de trabajo, puede decretar el despido libre, un contrato con indemnización pactada de 20 días, puede -y debe- romper el espinazo a esos dos estamentos parásitos en que se han convertido patronales y sindicatos.

Puede hacer todo eso y hará bien en hacerlo. Pero, a cambio, debe reducir los impuestos laborales y debe, sobre todo, subir el salario mínimo a 1.000 euros netos mensuales, por ocho horas de trabajo diarias. Y si no, pues su reforma se quedará en lo de Zapatero: en reformita. Lo que no podemos hacer es imitar a Asia: se trata de que Asia imite a Europa.

¡Los salarios, estúpidos, son los salarios!

Eulogio López

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