Miércoles, 15 de mayo. La delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes (en la imagen) es entrevistada en los Desayunos de RTVE. Esta chica es muy progresista, progre capitalista, pero progre al fin. Por eso, lo que más le preocupa de la Ley Aído de aborto -¡oh, sí!- es que las chicas de 16 años puedan abortar sin conocimiento de sus padres. Eso es gravísimo. Los 120.000 abortos anuales que se perpetran en España no, que el aborto sea considerado, desde el Zapaterismo, como un derecho, tampoco.

Es más, doña Cristina aduce, a título personal, que conste, que no es opinión del PP (yo creo que sí lo es), que ella es partidaria de una ley de plazos. Esto es como renegar de la Ley Aído en la guinda y aceptar el resto de la tarta.

A ver si nos entendemos: Felipe González introdujo el infanticidio en España en 1985, con una ley de supuestos. Allí comenzó la gran matanza. Aznar ni la tocó, es más, permitió la distribución de la PDD, que, como todo anticonceptivo, de los que se venden hoy en el mercado, es potencialmente abortivo.

Luego llegó el majadero de Zapatero que -como el chiste- para ser más vasco dio un paso más y convirtió el aborto en un derecho. Una ley de plazos es la antesala de esa conversión del infanticidio en derecho: ya no hay que alegar nada para matar al propio hijo: es un derecho de la madre, no del padre, que conste en acta. El padre se convierte en mero semental, un polinizador que nada tiene que decir sobre su propia sangre.

En otras palabras, la desnortada Cifuentes está proponiendo la ley Aído, el aborto, como un derecho. Y para distinguirse de Aído y ZP -recuerden que ella ha medrado con el PP, no con el PSOE- nos trae la guinda de la menor que debe informar a sus progenitores antes de cargarse a su progenie.

Con el PP, el derecho a la vida triunfa, no lo duden... pero no sabemos cuándo.

Eulogio López

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