¡Dios nos libre de los filántropos!, clamaba Chesterton. Pues aquí tenemos a todo un filántropo George Soros (en la imagen), quien comprará el 3,8% de de la constructora FCC. Era una exigencia de los bancos acreedores, especialmente de las dos cabezas de serie españoles: Bankia y BBVA. De esta forma, Esther Koplowitz consigue refinanciar su deuda durante casi tres años.

Me alegro por ella. Ya he repetido varias veces que Esther Koplowitz merece aplauso por continuar con su empresa. Koplowitz ha optado por seguir como empresaria y no meterse a financiera. La diferencia es clara: el empresario produce, el financiero sólo compra y vende. El empresario, por tanto, colabora al bien común y se compromete con la sociedad mucho más que el financiero, que siempre esconde un especulador.

De hecho, los problemas de apalancamiento excesivo de Esther Koplowitz comenzaron cuando su hermana Alicia dio el paso. Sí, ese paso: de empresaria a financiera.

El problema: que quien entre en FCC, aunque sea con una participación del 3,8% sea uno de los especuladores más peligroso del planeta, señor George Soros, a quien la estabilidad de FCC importa un pimiento: lo único que le importa es la rentabilidad de su inversión a corto plazo.

Y como Soros va de filántropo se ha convertido, claro, en uno de los puntales de la ingeniería social anticristiana. El colaborador de Hispanidad, Gabriel López, publicó en este diario digital el siguiente retrato sobre don George. No se lo pierdan. Por lo demás, es Navidad y todo está en orden.

Eulogio López

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