Tras la absolución del abortista Carlos Morín por parte de la Audiencia Provincial de Barcelona, la Fiscalía -que exigía 273 años de cárcel por haber efectuado 89 abortos ilegales en dos clínicas  abortistas de Barcelona- ha presentado un recurso de revocación contra la citada absolución del doctor Morín y del resto de sus cómplices. Además, el resto de acusaciones van a seguir el mismo itinerario que la Fiscalía y apelarán la sentencia absolutoria.

Uno de los principales testimonios del recurso aludirá al hecho de que la Audiencia no concediese relevancia penal a que las adolescentes que abortaron no tuvieron la forzosa cita previa con un psiquíatra o que, en algunos casos las jóvenes, manifestaron no haber rellenado, personalmente, el "test de Goldberg", una revisión psicológica para comprobar el estado anímico de la mujer.

La Audiencia Provincial de Barcelona estimó que esas anomalías eran, simplemente, faltas administrativas.

Sin embargo, el Tribunal Supremo asevera que para abortar "se requiere un dictamen que acredite que el aborto es necesario para evitar un grave peligro para la salud psíquica de la embarazada", requisito que ha quedado demostrado que faltó en los abortos ejecutados por el abortista Morín, y que la Audiencia de Barcelona no dio ningún valor en su sentencia absolutoria.

Por otra parte, el Tribunal de Apelaciones de Illinois en Estados Unidos, rechazó una demanda judicial sobre el arrepentimiento de una mujer que abortó. La mujer tiene derecho a recibir una indemnización por daños de una clínica abortista ya que el personal de la misma tenía el deber de haberle dicho que ella estaba liquidando la vida de un ser humano, todavía en el claustro materno.

"Es triste que los jueces estén dispuestos a transigir con la salud de la mujer", dijo Georgette Forney, la cofundadora de la "Campaña No Más Silencio", una organización compuesta por mujeres  que se arrepienten de sus abortos.

La demandante abortó en un chamizo abortista de la Federación de Planificación Familiar de América (Planned Parenthood Federation of America/PPFA). Antes del aborto, la embarazada le preguntó al consejero de la clínica si su bebé concebido era un ser humano. Dos años más tarde, ella demandó por mala práctica médica a la clínica abortista, basando su argumentación legal en el hecho de que el consejero, erróneamente, le dijo que el bebé no era un ser humano.

La vida humana comienza en el mismo instante de la concepción, y a partir de ese momento, el feto es un ser humano único, irrepetible y vivo, con su propia estructura genética.

"El niño por nacer es un ser humano a partir de la concepción, y su vida debe ser respetada. Esa vida fue redimida por Cristo, esa vida es un regalo de Dios", afirma el teólogo suizo, Karl Barth.

Clemente Ferrer

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