Sin duda, las decisiones que más le están pesando en popularidad al presidente Donald Trump en este segundo mandato son las relacionadas con la política exterior. Si bien la gestión hacia Hispanoamérica ha sido un auténtico éxito, en gran parte gracias al secretario de Estado, Marco Rubio, no puede decirse lo mismo con respecto al conflicto con Irán y a la guerra entre Rusia y Ucrania.

No puede negarse que Trump ha intentado atraer a Putin a Occidente, pero ha fracasado, y el ruso ha sellado aún más la alianza con China y los principales enemigos del mundo libre.

Sin embargo, ha sorprendido que, en pleno mes de agosto, Trump haya enviado al director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú, lo cual muchos analistas consideran que puede ser el último intento del republicano para tratar de tender puentes con la nación rusa y evitar que Putin tome la decisión de atacar alguna nación europea para probar la fortaleza y unidad de la OTAN.

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Si el nacionalista ruso opta por esa decisión, podría desencadenarse un peligroso escenario bélico que afectaría a una multiplicidad de naciones, tal y como hemos contado en Hispanidad.

Por eso, resulta especialmente interesante que el presidente haya elegido a uno de sus hombres más cercanos, John Ratcliffe, que en este segundo mandato del republicano está asumiendo la dirección de la célebre agencia de inteligencia exterior de Estados Unidos, y quien también ocupó en el primer mandato de Trump el cargo de Director Nacional de Inteligencia. Ratcliffe fue entonces y sigue siendo uno de los principales funcionarios estadounidenses que ha confrontado la influencia global de la tiranía comunista china.

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Ratcliffe, a pesar de su importante influencia en el inquilino del Despacho Oval, es un perfil más funcionarial que político, y el hecho de que su nombre haya sido elegido para tal cometido en Moscú, obedece probablemente al deseo de Trump de no abrasar políticamente al jefe de la diplomacia estadounidense, Marco Rubio, para en caso que fracase el nuevo y probable último intento de acercamiento a la Rusia putinista, por cuanto el legado del presidente y el futuro del trumpismo está en dos hombres: el propio Rubio y el vicepresidente, JD Vance.