Donald Trump ha adelantado su ataque a Irán, contradiciendo así uno de los principios de la guerra justa: atacar no, defenderse sí. Y lo ha hecho por dos razones: porque su ataque contra el poder nuclear iraní, realizado meses atrás, no fue un éxito total, por más que así lo pregonara y los iraníes proseguían su camino hacia la guerra nuclear y podían conseguir la bomba a no mucho tardar.

En segundo lugar, ha adelantado su ataque porque Trump, al igual que en Venezuela, jamás ha pensado en invadir Persia. lo que sí ha pensado, en Venezuela como en Irán, es que sea los propios iraníes o los propios hispanos venezolanos quienes se sacudan el yugo de los ayatolás.

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¿Que no puede hacerlo sin que alguien les aplaste antes la maquinaria militar del Régimen? Eso sí puede arreglárselo la Casa Blanca. Pero conste que Trump es un hombre que considera que la ayuda exterior no puede salvar a un pueblo: los pueblos deben salvarse a sí mismo. 

Los ayatolás son como un jabalí herido: capaces de asesinar a toda su población con tal de no ser derrocados: la rebelión popular es difícil

Además, otro rasgo humanitario de este gran estadista -con sus defectos, desde luego- que es Donald Trump, consiste en que siempre -en Venezuela como en Irán- intenta fulminar a los culpables, a los dirigentes, no a los inocentes, al pueblo. 

Ahora bien, Irán es más complicado que Venezuela. En Irán, el Régimen de Teherán intenta que su guerra sea guerra mundial... y puede conseguirlo. Está expandiendo el terror por todo el golfo Pérsico, atacando Arabia Saudí, Kuwait, Catar, Barhein y Emiratos y activando su multinacional terrorista, como Hezbolá, desde el Líbano, o los hutíes, desde el Mar Rojo. 

Pablo Benavides ha realizado para Hispanidad el mejor análisis sobre el ataque israelí y norteamericano a Irán: Iran no puede vencer al Ejército norteamericano, pero sí puede hacer que su guerra sea la guerra de todo Asia y que llegue a Europa. 

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Por ejemplo, a costa de implicar a Turquía, miembro de la OTAN, en el desaguisado. No digamos nada a Rusia y China o al chiflado de Corea del Norte, dispuesto a aportar a Teherán el armamento nuclear a cambio de unos cohetes de transporte de bombas nucleares que Irán puede suministrar a Kim Jong-un. Por favor no olvidemos la alianza -un hecho, no una posibilidad- que existe entre Teherán y Pionyang.

Y si el régimen cae, el precio del gas, no subirá: bajará. La guerra no es mala porque provoque incertidumbre entre los especuladores de los mercados financieros. es mala porque provoca muertos y heridos, siempre alguno inocente

Ahroa mismo, tras la muerte de Jamenei, los ayatolás son como un jabalí herido: capaces de asesinar a toda su población con tal de no ser derrocados: la rebelión popular es difícil. 

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Otrosí: Reino Unido, Francia y Alemania, tras un momento de condena de manual al ataque israelí-norteamericano, se muestran dispuestos a secundar a Trump... el único líder occidental que, además de hablar, actúa. Mientras, el ególatra de Sánchez continúa jugando a 'liderar el pacifismo' más pueril en tiempos de guerra, pero si se le preguntará de qué ha servido su repudio -"Claro que rechazamos y repudiamos al régimen iraní pero"- y condena a los ayatolás durante 47 años de horror en Irán...

Por cierto, si el régimen cae, el precio del gas, no subirá, bajará. La guerra no es mala porque provoque incertidumbre entre los especuladores de los mercados financieros. es mala porque provoca muertos y heridos, siempre alguno inocente.

Donald Trump ha sido muy valiente y muy sensato al atacar Irán. Ahora bien, ante el riesgo de provocar una guerra mundial, mejor que gane cuando antes y que el pueblo iraní -comprendo que le pedimos mucho- derroque a un Régimen perverso. Pero los malos son los ayatolás, no Donald Trump... por muchas estupideces que diga Pedro Sánchez.