Se acercan las elecciones en Hungría. En sus años de mandato, el primer ministro y candidato, Viktor Órban, ha dejado clara su postura en todo tema relevante para el país. Sin miedo al chantaje de Bruselas el húngaro ha llegado a señalar a Soros, a las élites europeas e incluso ha rechazado recientemente que el país vaya a entrar en el euro. Uno de sus grandes golpes contra el progresismo fue en verano, en pleno mes del orgullo, esos días que el colectivo se ha apropiado, decidió prohibir todo evento público LGTBIQ+.
Ante la prohibición de que el Orgullo se celebre en la vía pública, el alcalde de Budapest decidió mantener la manifestación del Orgullo Gay en la ciudad. En octubre de 2019 Gergely Karácsony, líder del partido verde Diálogo (Párbeszéd) y candidato unitario de cinco formaciones opositoras del centro-izquierda húngaro, resultó elegido alcalde de Budapest. Su programa se basaba en "liberar a una ciudad dividida de las garras del Fidesz", partido dirigido por Orbán. Y es que Karácsony está ligeramente obsesionado con el primer ministro húngaro desde que se enfrentó a él en las elecciones parlamentarias de 2018, apoyado por los socialistas. Fue cabeza de lista y su fracaso fue muy sonado, pasando de gran promesa a quedar tercero con el 12% de los votos.
No es de extrañar que con el Orgullo viera su oportunidad de protagonismo deseado. Pero las consecuencias han llegado y la Fiscalía de Budapest ha anunciado este miércoles que ha presentado cargos contra el.
La institución ha acusado al alcalde de "violar la libertad de asociación y reunión" en el escrito de acusación presentado ante el Tribunal del Distrito Central de Pest, al que ha propuesto imponer "una multa al acusado, sin juicio previo, en una sentencia penal".
Karácsony, según el comunicado, "conoció la decisión de (prohibir la manifestación) el mismo día de su emisión, no la recurrió, no agotó la vía judicial y organizó la marcha a pesar de la prohibición, que se convirtió en firme".
La reacción de Karácsony no se ha hecho esperar, en redes sociales ha asegurado que ha pasado de ser "un sospechoso orgulloso a ser un acusado orgulloso". "Al parecer, este es el precio en este país por defender nuestra libertad y la de los demás. Pero, si alguien cree que puede impedirme o desanimarme para que mi ciudad y yo lo hagamos, está muy equivocado". Pero claro, no es el precio de defender la libertad, sino de no acatar la ley.