El pleno del Congreso debate este jueves la toma en consideración de una proposición de ley cuyo objetivo es reducir el tiempo hasta un máximo de 25 días para ejecutar una eutanasia cuando esta haya sido recurrida judicialmente.
La propuesta también establece que solo se puede recurrir contra el dictamen de la comisión que avala la eutanasia -órgano integrado por profesionales médicos y juristas-, ante el Tribunal Superior de Justicia de cada comunidad y en un plazo máximo de tres días.
Para ello, deberían modificarse dos leyes: la ley orgánica 3/2021 de regulación de la eutanasia, y la ley 29/1998, reguladora de la jurisdicción contenciosa administrativa.
Este texto proviene del Parlamento regional catalán, donde fue aprobado el pasado 29 de abril gracias a los votos del PSOE-PSC, Junts, ERC, Comuns y la CUP.
Estos partidos aducen que, actualmente, los recursos contra la eutanasia pueden extender el procedimiento durante meses, lo que conlleva prolongar el sufrimiento de la persona que quiere ser eutanasiada.
Se da la circunstancia de que este debate tiene lugar en el mismo sitio en el que, el pasado lunes 8 de junio, el Papa León XIV pronunció estas claras palabras contra la eutanasia: «Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural».
‼️ El papa León XIV habla en el Congreso de la defensa de la vida humana
— Universitarios Católicos (@UniCatolicos_es) June 8, 2026
🗣️ "¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?" pic.twitter.com/hgBRPWewbx
Así que a buena parte de sus señorías estas palabras del Santo Padre les habrán entrado por un oído y salido por el otro.
Por otra parte, hace escasas fechas, el Tribunal Supremo español avaló que una persona "con una vinculación particularmente estrecha" con un paciente que ha pedido la eutanasia pueda recurrir judicialmente su aplicación, como recogió Hispanidad.
Como se recordará, en España se produjo recientemente el caso de Noelia, una joven que padecía una depresión profunda y que pidió la eutanasia. Luego, su madre pidió que se cambiase la legislación porque su hija no debía haber muerto eutanasiada, ya que su caso tenía solución. "Por favor, que esta ley desaparezca. No quiero que haya más Noelias".
El padre de Noelia también se ha pronunciado en contra de la eutanasia, con estas duras palabras: "No quiero que haya otra Noelia, como ha pasado con mi hija. Quiero que las entidades, los médicos, los sanitarios, todo este protocolo, se considere hacerlo de otra manera porque yo, como muchas familias, pensamos que con Noelia se ha hecho una injusticia. El trabajo de curar su enfermedad, sí, se ha hecho, pero se podían haber puesto más medios. En cambio, para la eutanasia, para quitarse el problema de encima, sí que han sido eficaces, súper eficaces".
El padre de Noelia rompe su silencio el día que el Congreso debate una reforma para acelerar las eutanasias.
— Abogados Cristianosﻦ (@AbogadosCrist) June 11, 2026
❌ "No quiero que haya más Noelias".https://t.co/ZV7emK0PkZ
Hispanidad insiste: la eutanasia y el suicidio asistido suponen traspasar la frontera ética de que la vida es sagrada y ni uno mismo y ni mucho menos un tercero puede disponer de ella. Esa frontera ética está en la conciencia de todas las personas del mundo. Y por eso es conforme a la ley natural, que dice que hay respetar la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural.
Y esa frontera ética debería estar reconocida por las leyes: como el ‘no’ a la pena de muerte, al asesinato o al homicidio. Es decir, es la misma razón por la que hay que oponerse también a la pena de muerte, al asesinato o al homicidio: no con un argumento religioso, sino meramente humano y racional.
En los países donde la eutanasia se ha legalizado está ocurriendo que se empieza permitiéndola sólo en casos excepcionales y por voluntad propia, pero se termina aplicándola sin restricciones, a cualquier persona e incluso en contra de su voluntad, y de manera especial a los más débiles y vulnerables: enfermos mentales, ancianos, discapacitados sobre todo intelectuales..., que no pueden defenderse ante la decisión de otros -el Estado, un médico, los jueces, los políticos, sus familiares- sobre sus vidas.
Se trata de un plano inclinado o pendiente deslizante muy difícil de parar que provoca que la vida no tenga ningún valor, especialmente la de los más débiles y vulnerables, y que sea a ellos a quienes se termine aplicando al eutanasia incluso sin su consentimiento.