"Compromiso inquebrantable con el interés público". Así defienden a Jerome Powell, gobernador de la Reserva Federal norteamericana o Banco central de los Estados Unidos, sus colegas de los medios de la Unión Europea, Reino Unido, canadá Australia, etc.
¿Me parece mal? No, en principio me parece bien. Insisto en que Donald Trump es una maravilla y un bocazas, todo a un tiempo, un tipo inteligentísimo, no es un producto de sus asesores y nada tiene que ver con la imagen pueril o barbianesca que los periodistas progres europeos, están haciendo de él... pero le pierden las formas y su fondo es extraordinario. Con Donald Trump, han regresado a primer plano de la política los principios cristianos, creadores de la civilización Occidental, el fruto más preciado de la humanidad... como la hispanidad es el fruto mas preciado de esa civilización occidental. No, Trump no llega la categoría de Hispano, qué le vamos a hacer.
En serio, ¿qué es lo ha hecho Trump para enfadar tanto a la casta monetarista? lleva a Powell a los tribunales por las obras de reforma en la sede central de la Reserva Federal. Sencillamente, Trump quiere salirse con la suya: que Powell baje el precio del dinero para reactivar más la economía y con ello ha vulnerado uno de los principios sagrados de la segunda mitad del siglo XX, la independencia de los bancos centrales.
Así que los gobernadores han emitido un comunicado en defensa de Jerome demostrando así... que la casta monetarista sí que existe.
A ver, ¿creo en la independencia de los bancos centrales? Sí, no es mala cosa, pero siempre que esa casta monetarista sea consciente de que lo que tiene que evitar no es ni la inflación ni el paro -sencillamente porque no pueden conseguirlo- y que por haber sido nombrados a dedo, deben ser muy humildes en sus actuaciones. Le provoca una sonrisa cínica hablar de la 'humildad' de los gobernadores ¿verdad? Pues a eso me refiero.
Vamos a ver: la independencia de los bancos centrales perdió relevancia, casi antes de nacer, desde el momento en que el amigo Richard Nixón, allá por 1971, terminó con el patrón-oro y el dinero se multiplicó en el mundo para desgracia de todos. Nixon cambió la objetividad por la subjetividad. De ahí proceden muchos males de ahora mismo, sobre todo el componente especulativo de los mercado financieros.
Pero es que, encima, en 50 años la casta monetarista se ha empeñado en que si bajan los tipos se crea más empleo y si suben los tipos se controla la inflación.
Y con la pandemia y el dispararse de los precios energéticos, se ha demostrado que la temida inflación sólo se cura aumentando o disminuyendo la oferta o aumentando o disminuyendo la demanda. Es decir, no aumentando o disminuyendo el dinero en circulación sino con la vieja ley del viejísimo Adam Smith o del casi tan viejísimo Jean-Baptiste Say, ambos del siglo XVIII.
Esto es lo que hemos aprendido de la última crisis económica, de la pandemia. Era una inflación de oferta y, por tanto, no había que subir los tipos, había que aumentar la oferta para controlar la inflación. Lo mismo que ocurre ahora mismo en España, por ejemplo, con la vivienda.
Por tanto, Trump es un bocazas que no debe insultar a Jerome Powell, pero sepan que en el fondo, la doctrina monetarista de los señores gobernadores está haciendo aguas mientras ellos, quizás por rutina, la siguen aplicando cada día, confundiendo, además, su independencia con su prepotencia... y creo que no es lo mismo.
Defendamos, por el momento, y mientras no cambie la doctrina, la independencia de los bancos centrales, pero háganme un favor: no mitifiquen a los gobernadores. Lo suyo no es para tanto.
Trump, además, es un empresario y como a todo buen empresario no le gustan los financieros. Ahora bien, ahora mismo, lo que pretende Trump no sólo es dinero barato para crear más empresas y más puestos de trabajo, sino para emitir deuda pública a menor precio. Y así sí que no, querido: si para algo ha servido la subida de tipos es para frenar, al menos un poquito, a los políticos irresponsables que ganan votos de esta generación endeudando a la generación que viene.