El presidente de la Conferencia Episcopal española, Luis Argüello, ha aplaudido con ganas la regularización -legalización- de 500.000 inmigrantes que han traspasado ilegalmente sus fronteras. En buenas condiciones: habrá papeles para todos e integración para ninguno.
Asegura Argüello que lo que Pedro Sánchez ha hecho es otorgar derechos y no hay nada tan cristiano como el reconocimiento de derechos... al parecer sin deber alguno.
Naturalmente, Argüello no ha sido aplaudido por los progres -los progres nunca aplauden a un cura, en todo caso le insultan- pero todos sabemos que muchos clérigos manifiestan tendencia a maltratar a los fieles que les rodean mientras se inclinan ante el poder que les oprime.
Al revés: como el sentido común en tiempos de chifladura suena a bofetada, al obispo de Asturias, Jesús Sanz Montes, la izquierda del Principado le ha puesto como no digan dueñas, por recordar que "no cabemos todos". Lo del prelado Sanz no es crueldad, es sensatez. ¿Acaso resulta sensato regularizar a 500.000 ilegales que vagan por nuestras calles? Eso no es generosidad sino otra forma de crueldad, con los inmigrantes y con los nativos.
La inmigración, en sí misma, es mala. al pobre hay que ayudarle en su propia tierra
Pero es que además, con el "no cabemos todos". Sanz demuestra mucha más profundidad que Argüello, por dos razones:
1.Al inmigrante hay que ayudarle a integrarse pero, al tiempo, exigirle que respete al español y a las españolas, así como a la historia y las tradiciones del país que le ha acogido. Y el plan de Sánchez no comporta nada de esto. Es una cifra ingente de inmigrantes a los que seguirá otros miles o cientos de miles -"no cabemos todos"- porque la medida del Gobierno español no favorece sino a las mafias que trafican con seres humanos.
Y sí, Sánchez sólo pretende votos cautivos en un futuro próximo. A este paso, muy próximo.
2.En segundo lugar, la inmigración es mala de suyo. Produce tragedias, pero es que, además, a los pobres hay que atenderles en su lugar de origen, no exigirles que se jueguen la vida del mar a manos de las mafias para que lleguen a sobrevivir en nuestra calle de mala manera.
Y no: no cabemos todos, ni esta tragedia se evita repartiendo papeles.