Tal y como analizaba Cristina Martín el sector del lujo no pasa por su mejor momento, sobre todo en sus mercados clave (China y EEUU), y en el descenso de su valor en bolsa, a lo que sumamos el conflicto en Oriente Próximo. Y es cierto, pero ¿todo el lujo está en crisis? Nos explicamos, veíamos esta misma semana que Moët Hennessy Louis Vuitton (LVMH) lo está sufriendo, con caída en beneficio y, lo más importante, en ventas. 

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Y ahora lo vemos en Kering, el grupo francés de lujo que es propietario de Gucci, entre otras marcas, ha anotado un 3% menos de facturación en el primer semestre del ejercicio en curso, situando sus ingresos en 7.220 millones de euros, en comparación con los 7.439 millones de euros.

El grupo, con Luca de Meo al frente, lleva sufriendo los últimos trimestres. Y el comienzo del 2026 tampoco ha sido fácil, reduciendo a la mitad el beneficio, siendo de 244 millones de euros, cuando hace un año se anotaba 474 millones de euros en la primera mitad de 2025. Y lo mismo con el resto de magnitudes, el resultado bruto de explotación (ebitda) ha sido de 1.935 millones de euros, un 1% menos, con un margen sobre ingresos del 12,8%. El resultado operativo ha sido de 698 millones de euros, mientras que en los seis primeros meses de 2025 fue de 954 millones de euros.

En un comunicado, el grupo ha anunciado que a nivel global empiezan a contener la caída de la facturación. El mejor ejemplo, Gucci: mientras en el primer trimestre las ventas cayeron un 14%, pasando de 1.571 millones a 1.347 millones de euros, en el segundo trimestre la caída ha sido del 3%, pasando de 1.456 millones a 1.410 millones de euros. E igual si miramos por mercados: “Todas las regiones han mejorado en el segundo trimestre, siendo Norteamérica la clave del crecimiento”. Europa occidental y Asia-Pacífico “continúan mostrando signos de recuperación” mientras China sigue afrontando dificultades.

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Sí, Kering comienza a recuperarse tras trimestres de sufrimiento, al igual que LVMH, pero han estado y siguen estando en 'la crisis del lujo'. Sin embargo, hay una 'rara avis' que se libra: Hermès. De ahí que la duda surja sola: ¿el lujo está en crisis o un tipo de lujo y otro no?

La firma francesa de moda y complementos registró un beneficio neto atribuido de 2.238 millones de euros en los seis primeros meses de 2026. La cifra de negocio alcanzó los 8.163 millones de euros, un 1,6% por encima de los ingresos contabilizados un año antes, aunque al descontar el efecto del tipo de cambio el crecimiento fue del 6,1%. Entre abril y junio, la cifra de negocio de Hermès alcanzó los 4.094 millones de euros, un 4,8% más, mientras que al descontar el impacto del tipo de cambio el crecimiento interanual fue del 6,7%.

Por distribución geográfica de los ingresos, Europa reportó a la firma gala 1.918 millones hasta junio, un 4,9% más; América un 8,9% más, con 1.585 millones; mientras que Asia redujo un 1,3% la facturación, hasta 4.330 millones, incluyendo un retroceso del 2,1% en Japón, con 798 millones. 

Por líneas de negocio, la división de marroquinería facturó hasta junio 3.761 millones, un 5,1% más; la de accesorios un 2,5% menos, con 2.198 millones; el negocio de seda y textil creció un 4,8%, hasta 469 millones; la división de relojes facturó 269 millones, un 4,2% menos; y el negocio de perfumes un 6,1% menos, hasta 233 millones.

"En el primer semestre de 2026, Hermès registró un sólido desempeño, que refleja la gran atracción de sus 16 oficios y la confianza de sus clientes. Convencidos de la fortaleza de nuestro singular modelo artesanal y con el control de nuestros balances clave, afrontamos el segundo semestre con confianza", comentó Axel Dumas, presidente ejecutivo de Hermès.

'Singular modelo artesanal', ahí está la clave. Hemos visto que, a diferencia de LVMH o Kering, Hermès no ha sufrido tanto en los últimos meses, librándose en muchas cuentas de resultados de la crisis del lujo. 

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Lo vemos de nuevo en esta primera mitad de 2026: ¿qué hace diferente a Hermès? Podemos decir que dos cosas: artesanía 100% manual y escasez controlada de producto y su independencia financiera familiar. Lo segundo es lo más fácil de explicar. Hasta 1993 la empresa no salió a cotizar en bolsa, y en ese momento ya era objeto de deseo por los inversores. Desde entonces, su revalorización ha sido imparable, a pesar de la entrada de terceros. La mayoría del capital, así como el control ejecutivo, sigue perteneciendo a la familia Hermès, lo que facilita que su expansión continúe sin perder su esencia. En 2022 la compañía abrió nuevas tiendas en Shanghái, Pangyo (Corea del Sur) y Nueva York y reabrió y renovó sus establecimientos en Barcelona, Estrasburgo, Guadalajara, Nagoya y Seúl. Hermès es de las pocas casas de lujo que siguen siendo independientes y por ahora no ha sido absorbida por grandes compañías de moda como el grupo Kering o el grupo LVMH. 

Los dos primero factores se resumen en: exclusividad y lujo silencioso. En Hermès no hay rebajas, tampoco se usan cadenas de montaje industriales, no se masifica la producción de ningún producto, invierten en escuelas de artesanía en la era de la tecnología, la inversión en publicidad es mínima, se desaconseja que los clientes lleven un look total de la marca, se huye de los logos o distintivos, en los diseños no hay modas ni tendencias, sino prendas atemporales. Se puede decir que la marca es más que una simple marca de lujo a la que se accede simplemente con dinero. 

El mejor ejemplo son sus icónicos bolsos, en concreto el Birkin o el Kelly, aunque otros diseños vienen pisando fuerte. Ambos modelos están hechos a mano de principio a fin por un solo artesano en talleres propios. Pero lo más curioso de todo y que explica a la perfección esa exclusividad que le hace escapar de las crisis que otros grupos de lujo afrontan es que no se puede entrar en la tienda y comprar ese bolso. Primero debes tener un historial con la marca, debes tener un vendedor asignado y en ese historial debes haber gastado altas cantidades de dinero de manera continuada para tener acceso a la compra de un Brikin o un Kelly. Además, haces una lista de 'deseos', donde pones tus preferencias en cuanto a tamaño, tipo de piel, color... pero solo puedes comprar 'lo que te toca', es decir, lo que el artesano haya decidido hacer y hayas tenido 'la suerte' de que te ofrezcan. Así, la marca comprueba dos cosas de su clientela: solvencia económica y que no compra para luego vender. Estos bolsos son un refugio financiero, nada más salir de la tienda, multiplican su valor, lo que provoca que haya todo un mercado de reventa y segunda mano, de ahí que Hermès busque comprobar que el cliente es en realidad cliente, y no un mercader. 

Ambos bolsos son historia de la moda, por ejemplo el bolso Birkin, bautizado en honor de la actriz y cantante franco-británica Jane Birkin. En 1981, Jean-Louis Dumas-Hermès, presidente de Hermès hasta 2006, coincidió en un vuelo con Jean Birkin, monsieur Dumas vio como Birkin no dejaba de protestar y pelearse con su pequeño bolso. La actriz le terminó confesando al empresario que no era capaz de encontrar un bolso que le gustara, pero que fuera lo suficientemente grande para una joven madre. Por ejemplo, no le cabían los biberones de su hija Lou. Juntos diseñaron en aquel avión el boceto de lo que sería el bolso, con bolsillos y compartimentos, más caro y codiciado del mundo.

Los bolsos Birkin más económicos rondan los 6.000 dólares, pero su valor puede multiplicarse por cinco y alcanzar los seis dígitos. Ya no hablemos si se trata de una reventa. La disponibilidad de los modelos en los comercios varía a discreción del director de la tienda. Es decir, nunca se puede saber si hay modelos disponibles y qué modelo encontrarás. La lista de espera de este bolso es de dos años. Por ejemplo, el Diamond Himalaya Birkin llegó a venderse por 380.000 dólares.