Telefónica ha vendido finalmente su histórica sede de Gran Vía 28 al empresario Tomás Olivo, segundo accionista de Unicaja con el 9,4% del capital, sólo por detrás de la Fundación Bancaria Unicaja, y accionista también del Sabadell, aunque en este caso con una participación que ronda el 0,4% del capital. En la operación ha tenido mucho que ver Javier de Paz, responsable de Activos Inmobiliarios del grupo, además de presidente de Movistar Plus+ y otros cuantos cargos, todos ellos muy bien remunerados, por cierto.
El montante de la operación parece de broma: 120 millones de euros, que podrían alcanzar los 180 millones si Olivo logra cambiar el uso del inmueble, por ejemplo, para convertirlo en hotel o en apartamentos de lujo. Da lo mismo, el precio es ridículo para un edificio de esas características, en plena Gran Vía de Madrid, y más aún si consideramos que el acuerdo incluye el pago, durante años, de una renta por parte de Telefónica, que permanecerá como inquilino, que podría rondar los 15 millones de euros anuales.
En definitiva, si estas son las condiciones es como para sospechar. En cualquier caso, la operación se enmarca en el proceso de desinversiones emprendido por Marc Murtra que ha supuesto una jibarización histórica de la compañía y en tiempo récord. Menos mal que, como alternativa, la compañía presentó en noviembre el nuevo plan estratégico ‘Transform & Grow’, cuya única pega es que no deja claro de dónde saldrán los ingresos futuros del grupo. En todo caso, y visto lo visto, Gran Vía 28 no entraba en los planes, ni del ‘Transform’ ni del ‘Grow’.
Enhorabuena a Tomás Olivo.