En el capitalismo del siglo XXI, cuya nota distintiva es la impersonalidad, no sólo es que tanto tienes, tanto vales, sino que se ha impuesto la idea de una curiosa separación entre propiedad y gestión, lo que no pocas veces hace que la gestión se ría de la propiedad.
Y ojo, hablamos de propiedad colectiva, la de los fondos de inversión o de capital-riesgo y ojo, una propiedad de fondos. Es decir, que la propiedad no está en manos del propietario sino del gestor de los fondos. Me explico: ya no es un propietario que trabaja en nombre propio, en representación de su dinero, sino unos gestores que no se juegan nada, o muy poco, y que deciden por la propiedad de decenas de miles de personas.
Pero en España somos muy monárquicos: nos gustan las dinastías. Y así, en el Banco Santander, Ana Botín ya ha iniciado la carrera de Felipe Morenés Botín. Al igual que hizo su abuelo con su madre, la idea es que Felipe Morenés recorra los distintos negocios y distintos países para formarse como presidente. Además, no olvidemos que en este caso Felipe, que ya cuenta con 40 años de edad, tiene un 'competidor': su tío Javier Botín, consejero de Santander y, ojo, presidente de la sindicatura familiar.
En Iberdrola ocurre algo parecido. Ahí, Ignacio Sánchez Galán no tiene uno, sino tres posibles sucesores: su yerno, David Mesonero Romanos, que en breve ascenderá a director financiero de Iberdrola, tras su fracaso en las elecciones al Real Madrid; su hijo mayor, Nacho Sánchez-Galán; y su hijo pequeño, el favorito de su padre e ingeniero de ICAI, como su padre, Pablo Sánchez-Galán, todavía muy pequeño pues cuenta con 28 años, mientras que su padre cumplirá, el próximo 30 de septiembre, 76 años. Más diferencia de edad que la que separa a Ana botín y a su hijo Felipe.
Pero hay un tercer sucesor a tener en cuenta, tras el sorprendente cambio de Cristina Álvarez por Marta Álvarez en la presidencia de El Corte Inglés: el hijo de la actual presidenta, Pelayo Alvarez-Valdés Álvarez, se perfila como el sucesor. Apenas cuenta con 27 años y todavía anda en 'másteres', pero es en el que se centran todas las miradas.
Ojo, no hablamos de sucesores sino de futuros gestores. Y de sucesiones dinásticas. Hablamos de que la propiedad y la gestión se unan para mantener la empresa familiar, esto es, el mejor tipo de empresa de la historia.
Ahora bien, el problema de la gran empresa es ese: que es muy grande, y resulta muy difícil mantener una posición de control.
¿Que en los tres casos queda mucho tiempo? O poco, que el futuro es un niño en las rodillas de los dioses.