En medio de tanta incertidumbre geopolítica, y algo más tras la vuelta de los ataques entre EEUU e Irán, sólo hay una cosa clara: toca preparar los bolsillos. Y es que los carburantes, la luz y el gas ya se encarecen... y lo seguirán haciendo en los próximos meses.

Como saben, el Gobierno subirá la bonificación del impuesto de hidrocarburos en el caso del diésel a 20 céntimos por litro. Sin embargo, la de la gasolina bajará de 10 céntimos por litro a 5, por tanto, a la mitad. Ambos carburantes siguen siendo elevados, pero no sólo por la cotización de la materia prima (el barril de Brent -de referencia en Europa- vuelve a superar los 90 dólares), sino también por los productos refinados. En esto último está influyendo más su escasez y su alta demanda, lo que acaba elevando su precio, pues Rusia ha dejado de exportarlos por los ataques de Ucrania a sus refinerías y los países del Golfo Pérsico están teniendo dificultades para exportar los suyos debido a la guerra de Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz.

Por cierto, si el Gobierno quisiera ayudar a los bolsillos de los contribuyentes, podría suspender el impuesto de hidrocarburos temporalmente. Pero claro, eso es algo que ni siquiera está encima de la mesa, pues aún teniendo niveles récord de recaudación fiscal les gusta muchísimo gastar y gastar, sin olvidar el creciente problema de las pensiones y la elevada deuda pública.

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En este contexto, se ha conocido que la factura de la luz se ha encarecido más de un 19% en agosto, debido a que los precios de la luz se han disparado por la mayor demanda durante las olas de calor y el encarecimiento del gas. Se trata del recibo más caro en un octavo mes desde 2022, cuando se afrontaba una crisis energética después de la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero de ese año y el inicio de la guerra entre ambos países que aún continúa.

El recibo de la luz para un usuario medio de la tarifa regulada (PVPC) se ha situado en 88,81 euros, un 19% superior a la de hace un año (74,04 euros). En esto no sólo han influido los mayores precios de luz y gas, sino también el modo de operación reforzada con el que funciona el sistema eléctrico tras el apagón sufrido el 28 de abril de 2025. También ha influido que han dejado de estar en vigor muchas de las medidas que puso el Gobierno para intentar mitigar el impacto de la guerra de Irán (por ejemplo, el menor IVA de la luz). Y ojo, como desde Moncloa (especialmente, en boca de los ‘climáticos’ Pedro Sánchez y Sara Aagesen) se presume mucho de las renovables, conviene destacar que han aportado el 56% de la electricidad en nuestro país, seguidas de nuclear (19%), gas (19%) y cogeneración (5%)... pero eso no ha evitado que la factura de la luz subiera un 19%.

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Y por cierto, el precio del gas también lleva tiempo moviéndose al alza. España tiene un nivel de llenado de sus almacenes mejor que el del resto de la Unión Europea de cara al próximo invierno, pero ojo, porque sólo recibe gas por gasoducto de Argelia y el resto llega en forma de gas natural licuado (GNL) de múltiples proveedores. Ante el bloqueo del estrecho de Ormuz por la guerra de Irán, se buscan alternativas para transportar el gas de los países de la zona y también se ha encarecido el precio de los barcos de GNL por el aumento de la demanda y la menor oferta, y se venderán al mejor postor.

Para tratar de 'ayudar' a Sumar no se le ha ocurrido otra cosa que volver a pedir un impuesto extraordinario a las energéticas (el famoso impuestazo de hace unos años)... para intentar contener el repunte de la inflación, que en agosto se ha situado en el 4,3%. Así lo ha pedido la co-coordinadora de Sumar y secretaria de Estado de Asuntos Sociales, Rosa Martínez. Además, ha solicitado que haya una vigilancia de los precios energéticos (algo que ya hace la CNMC). "Las petroleras no solo están trasladando este aumento, sino que están ampliando sus márgenes", ha señalado, pero no ha hecho ninguna mención a los descuentos que están ofreciendo en sus gasolineras y que han ido extendiendo en los últimos meses.