Tal y como decíamos, la aerolínea low cost británica easyJet pasará a manos de un fondo de inversión, pero lo hará a las del peor posible, el usurero fondo estadounidense Apollo. Eso sí, este último no podrá hacerse con el control total.

Tanto la normativa aeronáutica de Reino Unido como la de la Unión Europea se lo impiden, pues exigen que la propiedad mayoritaria y el control efectivo de las aerolíneas con licencia comunitaria permanezcan en manos de accionistas de la región. Por tanto, Apollo deberá buscarse un socio estratégico.

La compra de easyJet se ha cerrado en 5.700 millones de libras esterlinas (unos 6.653 millones de euros) y supondrá una exclusión de bolsa de la aerolínea. El acuerdo contempla el abono en efectivo de 7,15 libras esterlinas (unos 8,35 euros) por acción, lo que representa una prima del 54% respecto al cierre de la cotización del pasado 27 de febrero.

Sin embargo, cabe recordar que Apollo prevé financiar dicha oferta de 7,15 libras con una combinación de capital comprometido y financiación a través de deuda. Por esto último se le puede considerar un fondo buitre y usurero. Recuerden que Apollo suele apostar por su propio invento (el denominado loan to own) cuando entra en una compañía del sector que sea: se trata de un préstamo para poseer o préstamo con opción a compra, por el cual adquiere la deuda de una empresa que está en poder de un banco u otro tipo de prestamista, para luego forzarla a renegociar (siempre al alza, por supuesto) y si esta no logra pagar dicha deuda, Apollo se queda compañía para después trocearla y venderla. Por tanto, el fondo de inversión estadounidense que fundador en 1990 Leon David Black, Marc Rowan y Josh Harris acaba ganando sí o sí.

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El consejo de administración de easyJet ha recibido asesoramiento del banco de inversión internacional Evercore en la puja. Ahora se ha pronunciado y ha considerado que la oferta en efectivo de Apollo es justa y razonable, por lo que recomienda de forma unánime votar a favor.

El cierre del acuerdo con Apollo se ha producido después de que el fondo Castlelake se retirara de la puja 24 horas antes del fin del plazo que tenía para presentar una última oferta alternativa, dejando así vía libre a su rival. Recuerden que el consejo de easyJet decidió ofrecer igualdad de oportunidades a sus dos pujadores y estableció que el plazo para que mejorara la oferta de Apollo o se retirara expiraba a las 17:00 horas de este viernes 7.

Castlelake lleva meses intentando hacerse con la low cost británica, presentando distintas ofertas: una de 5,60 libras esterlinas por acción (6,54 euros), otra de 6 libras (7 euros), luego 6,25 libras (7,30 euros), después 6,50 libras (7,59 euros) -pero todas fueron rechazadas- y, finalmente, 6,90 libras (8,06 euros). Esta última permitió un principio de acuerdo con el consejo de la aerolínea, pero días después irrumpió Apollo en la puja, poniendo encima de la mesa 7,15 libras. Así, se amplió el plazo para que Castlelake mejorara dicha oferta o se retirara, y ha acabado haciendo esto último, pese a que en su apuesta por easyJet no estaba sólo: presentó su oferta de 6,90 libras a través de una sociedad que tiene mayoría de accionistas europeos y entre sus socios están Mark Breen, fundador y CEO de la consultora irlandesa de aviación Oneiros Aerospace; Peter Bellew, un antiguo directivo de easyJet; y el fondo canadiense Brookfield.

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No hay que perder de vista que easyJet vio desplomarse su beneficio antes de impuestos un 70% en su tercer trimestre fiscal (abril a junio) por el impacto de la guerra de Irán y el consiguiente bloqueo del estrecho de Ormuz, que han encarecido el coste del combustible y han reducido la demanda en ciertas rutas. A pesar de todo esto, la low cost británica mantiene una perspectiva positiva para el conjunto del ejercicio 2026 que cerrará el próxumo septiembre, esperando un crecimiento de la capacidad cercano al 6% y un aumento del 3% en el volumen de asientos disponibles. Además, hay que tener en cuenta que emplea a más de 19.000 personas y opera 1.200 rutas en más de 30 países europeos. En España, donde el liderazgo en transporte de pasajeros lo tiene la low cost irlandesa Ryanair, cuenta con bases operativas en Barcelona, Palma de Mallorca, Alicante y Málaga.