Margarita se dejaba querer. Ocurrió el pasado viernes, en la Cámara de Comercio de Oviedo. La ministra de Defensa recibía la medalla de oro de la Cámara de Comercio de Oviedo, con el alcalde, popular, de la capital asturiana, Alfredo Canteli, allí presente, porque no podían dejar de invitarle, en medio del aquelarre socialista del Principado, formado por el presidente de la Comunidad Autónoma, Adrián Barbón, y por la lenguaraz delegada del Gobierno en Asturias, Adriana Lastra, que dio su vida por Sánchez hasta que don Pedro se cansó de sus modales y la aparcó en su pueblo natal.

No estaba mal planteado el montaje: ¡Robles, cazurra, danos mucho trabajo! Lo primero para Indra, que no es asturiana pero acaba de comprar El Tallerón a Duro Felguera -otra empresa asturiana en crisis permanente-... y el PSOE lleva años intentando salvar a esta ingeniería. Por ejemplo, utilizando el dinero de su participada Indra para convertir una nave industrial cuasi vacía en el gran productor de blindados para el Ejército español.

Por eso, en el acto de la Cámara de Comercio de Oviedo, no podía faltar el presidente de Indra, Ángel Escribano, y propietario a su vez, este es el problema, de EME, una constructora de blindados. Escribano pretende que todos los pedidos de Defensa de nuevos artefactos para el Ejército español se otorguen a Indra, compañía que preside y de la que posee un 14,5% del capital, y a EME. 

Desde luego, no a Santa Bárbara, propiedad de la norteamericana General Dynamics, empresa de origen asturiano, sí, pero hoy estadounidense, y que ya fabrica blindados. Por la 'fiestuki' de Margarita Robles -la que reparte el dinero- también andaba Alejandro Page, director general de Santa Bárbara, con cara de pocos amigos porque Ángel Escribano intentaba acaparar toda la atención.

El numerito de Margarita Robles en Asturias es de vergüenza ajena: el Gobierno ha optado -y ha hecho bien- por la española Indra para armar al Ejército español... pero antes Indra debe demostrar su capacidad industrial

El bazar de las armas es el sector de moda en Europa, desde que Rusia invadiera Ucrania. Son miles de millones los que están en juego y es cierto que una de las pocas cosas que ha hecho bien el Sanchismo en materia económica es dejar de ser la cola de Airbus para proponer a los propios campeones nacionales en materia de Defensa: Indra y Navantia.

En todo caso, la esencia de la ceremonia por la que Margarita Robles recibía la medalla de oro de la Cámara de Comercio de Oviedo era la pelea entre la española Indra y la estadounidense General Dynamics por hacerse con la mayor carga de trabajo. Y ojo, no es que el Gobierno no quiera beneficiar a Indra, de la que es el principal accionista. Claro que quiere. Pero no puede olvidar que la española Indra libra un pulso con la estadounidense General Dynamics, en Asturias y en toda España, y es demasiado el dinero en juego y aquí vale todo. 

 

De entrada, debería ganar Indra, a la hora de fabricar blindados para el Ejército español, pero el problema no es ese: el problema es que Ángel Escribano deberá aclarar antes si preside Indra o si posee EME. Dos soluciones: o nacionalizar Indra y EME o cambiar al presidente de Indra. 

Hablo de la operación abyecta, la compra de EME por parte de Indra, de la que hemos hablado, a lo mejor hasta demasiado, en estas páginas.  

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En todo caso, el numerito de Margarita Robles en Asturias es de vergüenza ajena: el Gobierno ha optado -y ha hecho bien- por la española Indra para armar al Ejército español... pero antes Indra debe demostrar su capacidad industrial. Esto es lo que debería haber dicho la ministra de Defensa, y no dedicarse a hacer charlas con universitarios, querida Margarita. 

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