Ángel Escribano ha presentado su dimisión como presidente y consejero de Indra. Curioso, porque una semana atrás los hermanos Escribano -en principio Javier se queda en el Consejo en representación del 14,5% del capital, como dominical- habían acordado con el Gobierno Sánchez su renuncia a la operación de compra de EME, la empresa de su propiedad, por Indra, de la que sólo poseen la séptima parte.

Curioso, también, porque es la operación que desde hace más de un año ha denunciado Hispanidad en solitario, que nadie nos acompañó en la denuncia. La denominamos la "operación abyecta", un conflicto de competencias de libro. Tan claro, que el consejero delegado de Minsait, Luis Abril, se opuso a la sinvergonzada y aquello le costó el puesto.

De repente, al Gobierno le entra miedo de un nuevo escándalo ante la reticencia de Luis Abril y de unos consejeros que ya se veían en los tribunales... y Pedro Sánchez no está para ruidos.

En un alarde de hipocresía, el Gobierno se dio cuenta de que la operación abyecta era abyecta, y María Jesús Montero aseguró, sin despeinarse, que habían reaccionado cuando se dieron cuenta de que existía un conflicto de competencias: ¡Qué horror, en este local se juega! Y Marisu no lee la prensa.

La Moncloa no admite vencidos, sólo muertos. Los Escribano habían renunciado a la compra de EME, la 'operación abyecta' a la que se enfrentara Luis Abril. Pero es que no bastaba con humillarlos, había que matarlos: ya no eran de los nuestros

Entonces, Ángel y Javier Escribano dieron marcha atrás: vale, querido amigo Manuel de la Rocha, asesor presidencial-empresarial del gran hombre: nosotros renunciamos a forrarnos con la operación EME y pelillos a la mar.

Ingenuos. No sabían cómo se las gastan en Moncloa: Sánchez no admite vencidos, sólo muertos. Y entonces, Ángel Escribano, de improviso, presenta su dimisión en la tarde del Miércoles Santo, 1 de abril.

Ahora se queda para dirigir la sucesión de Escribano (¡Ay qué risa, tía Felisa!) la vicepresidente y consejera coordinadora Virginia Arce, una mujer que Escribano colocó, aconsejado por el presidente de PwC, Gonzalo Sánchez, y cuyo fuerte no hace honor a su título de consejera independiente. Aquí quien manda es Moncloa.

El gobierno ya ha fusilado a Ángel Escribano. Ahora bien, ¿quién le sustituirá? Nombres que se barajan: Raúl Blanco ex-presidente de RENFE, el presidente que inició la aventura francesa, que se acaba de saldar con la renuncia de la propia RENFE a llegar a París. O sea, todo un éxito: los trenes franceses de Ouigo han colonizado España y nosotros allí mendigamos redes pequeñas en el sur del país galo.

Encima, Blanco trabaja para SAPA, la empresa de la familia Aperribay, que posee un 8% de Indra: ¿más tráfico de influencias? Sí, Blanco es hombre del PSC de Salvador Illa, que va colocando empresarios en compañías públicas pero no parece suficiente currículo.

También puede elevarse a presidente al ceo actual de Indra, José Vicente de los Mozos. Pero, además de que se le considera próximo al Partido Popular, De los Mozos no ha mostrado capacidad industrial suficiente para absorber el dineral que le da el Gobierno para material de defensa. Para cuando los plazos de entrega empiecen a vencer, especialmente en el crucial año de 2028, De los Mozos espera haberse jubilado.

¿Fusión con Telefónica? ¿Nacionalización? ¿De los Mozos presidente? ¿Cederle la Presidencia al PSC?

Hay otros dos nominados más consistentes para presidir Indra. Por un lado, el exministro de Zapatero, Miguel Sebastián. A su favor, que lleva años en el Consejo de Indra, en su contra, que tiene más experiencia como estudioso que, como gestor, apoyó con entusiasmo la carísima compra de Hispasat y tras un ostracismo inicial... apoyó la compra de EME por Indra. Es un chico pecador, es decir, que tiene pecado.

Eso sí, Sebastián tiene mucha experiencia como político y hombre de Servicio de Estudios. Como empresario. ninguna, pero si se busca un hombre de transición... no echará al ceo José Vicente de los Mozos mientras que, por el contrario, si llega uno de fuera, le pondría en la calle en 48 horas.

Otra alternativa: Ángel Simón, el hombre de Agbar, ahora Veolia España y ex-consejero delegado de Criteria. A este nadie le puede negar experiencia como gestor y aunque es hombre cercano al PSC tiene prestigio reconocido en la derecha. Sería el que más gustaría al todopoderoso Salvador Illa y, sobre todo, una solución a largo plazo para Indra... y la industria de Defensa siempre trabaja a largo plazo.

Ahora bien, si el elegido es Ángel Simón, que Marc Murtra, presidente de Telefónica, se olvide de su sueño salvador: fusionar la teleco con la empresa de Defensa. Sí, una locura pero la necesidad tiene cara de hereje: el equipo Murtra está hundiendo Telefónica, don Marc busca ingresos desesperadamente y se ha fijado en una Indra, a la que, gracias a Vladimir Putin, le sobran ingresos, aunque no sepa cómo meterlos en caja.

Ya está, a mí me faltan ingresos, a ti te sobran, nos casamos y hacemos realidad el viejo dicho empresarial: la boda de un sidótico con un sifilítico. O aquello de que si fusionas dos empresas enfermas tendrás tres problemas. Sí, repito, empresas enfermas: la una de carestía de ingresos y la otra de éxito... bursátil pero que aún debe probar su capacidad industrial.

Y hablando de Telefónica y de Indra: la ciencia económica no tiene fallos: son las dos empresas nacionalizadas al estilo Sánchez: compro una pequeña parte del capital (10 o 25%) y ya mando en el 100 por 100. Y en ambos casos se ha producido el mismo milagro: entra Moncloa y las empresas se hunden: ¡Grande sos, Pedro!

Aún queda otra posibilidad, la de Margarita Robles, que apuesta por nacionalizar Indra. De verdad, al 100 por 100. Y sería lógico, siendo una empresa de Defensa, pero hay un problema: el Gobierno ha utilizado tanto y tan groseramente, su influencia en Indra (y en Telefónica), que la ingeniería de armamento se ha convertido en el valor más especulativo de la bolsa española.

En otras palabras, que nacionalizar hoy Indra costaría 10 veces más que hace 5 años. En concreto, 8.500 millones de euros.