Fue el ministro de Transportes, Óscar Puente, quien inició la polémica a raiz de un artículo de El Mundo, en el cual se afirma que la zona en la que descarriló el tren Iryo es un punto de unión entre material nuevo y vías sin renovar desde 1989. Puente respondía tachándolo de "un bulo como una catedral". El ministro aseguraba que la vía fue cambiada hace apenas dos años, en cambio el medio sostiene que hablan del tramo concreto y, el titular de transportes acababa diciendo que se trataba de un error. Entre la polémica, que deberemos esperar a ver cómo acaba el asunto, Puente mencionó a la empresa constructora: ArcelorMittal.
Colocaba a la empresa en el punto de mira, asegurando que quizás el accidente se podría haber producido por "un defecto de fábrica". Esta información al parecer la daba sin previamente haber contactado con la empresa, la cual ha emitido un comunicado en el que asegura que es "fundamental" una investigación independiente al margen de especulaciones, "que no ayudarían a las personas afectadas ni a la integridad del proceso". Subraya que todo el acero suministrado para vías ferroviarias se somete a rigurosas pruebas de calidad y aboga por la necesidad de examinar "todas y cada una de las posibles causas".
Razón no les falta, pero claro, no podemos dejar a un lado quién está detrás de ArcelorMittal. El grupo tiene su sede en Luxemburgo y es amigo de quejarse y despedir, mientras que compran y suben salarios a la familia. Hace unos meses, y ya arrastrando malos resultados y con ERE en España sobre la mesa, se hicieron con con el 28,41% de Vallourec, pagando por ello 955 millones a su primer accionista, el fondo de inversión -y especulativo- Apollo.
El ERE en España lo hacen bajo el paraguas de la descarbonización y los malos resultados, pero mire usted por donde, sus altos directivos, todos de la familia o del círculo Mittal se han subido las remuneraciones. El presidente Sánchez se citó en Davos con el presidente ejecutivo, Lakshmi N. Mittal, ojo, no para abroncarle por su actitud y actuación en el país, sino para darle esos 450 millones de euros en ayudas públicas para descarbonizar sus plantas en Asturias.
Recuerden que los Mittal tienen la manía de extender el síndrome de Nowa Huta. A Lakshmi N. Mittal se le puede conocer por ser un gran despedidor, pues en la citada ciudad polaca que se levantó junto a Cracovia (siguiendo el modelo soviético y siendo un reconocido experimento de ingeniería socialista) compró la acerera cuando cayó el comunismo y redujo la plantilla de 40.000 trabajadores a 10.000.