Ya en 2020, cuando el Gobierno Sánchez promulgó la Lomloe, de la mano de la entonces ministra de Educación, Isabel Celaá, en Hispanidad advertimos que, además de una generación de escépticos, también pretendía una generación de vagos. Así, se anunciaba, que, por ejemplo, que se otorgarían becas a los alumnos sin exigirles unas calificaciones mínimas.
En cualquier caso, el mérito y el esfuerzo del alumno ya no serviría a la hora de obtener una beca. El Gobierno socio-podemita quiere una generación de alumnos escépticos y de vagos. Así se vislumbraba la futura España de Isabel Celaá, educada en un esmerado colegio católico de Bilbao.
Y no solo eso, porque la ministra de Educación impulsaba así su campaña contra la concertada alentando argumentos como que se trataba de una educación más costosa que la pública o que se trataba de una enseñanza para ricos. Como -está muy claro- demuestra la educación que imparte la Fundacion Educativo Servanda, con 7 centros Juan Pablo II, repartidos en los municipios de Parla, Alcorcón, y Guadarrama, tres en la diócesis de Cádiz y Ceuta (Puerto Real, Cádiz y La Línea de la Concepción) y uno en Almería.
Desde la propia Fundación recordaban a Hispandidad que la concertada le ahorra al Estado más de 5.000 euros por alumno. Sin embargo, el Gobierno intenta asfixiarla. En Hispanidad hemos insistido en la razón primera de ese ataque a la concertada: gran parte de estos centros son católicos. De confirmarse, tal como expresa Óscar Rivas, director de Comunicación de Educatio Servanda, estaríamos hablando de cristianofobia.
Como afirmábamos en 2020, la ideología dominante amenazaba con resumirse en la ley del mínimo esfuerzo, que dio sus primeros pasos durante el estado de alarma con la medida de que los suspensos en los alumnos debían ser una excepción y que todos los estudiantes que hubiesen visto paralizadas sus clases presenciales por la crisis del Covid-19 pasarían de curso. Lo que viene siendo la norma socialista: igualar al alumnado -¿por arriba?- no, por abajo, of course.
Dos años más tarde, el panorama educativo español seguía siendo igual de alentador. Se continuaba premiando al vago, por ejemplo, se aprobaba el nuevo currículo de la ESO: con «perspectiva de género» y sin pruebas de recuperación, con 'la guerra del 36'... y sin alusiones al terrorismo de ETA.
Así, la nueva generación de alumnos y alumnas formada por las enseñanzas del Gobierno Sánchez sería afectiva, emocional, igualitaria y nada traumatizada por los suspensos. Esto promete, escribíamos entonces en Hispanidad. Y vaya si ha prometido, que en 2026, el Gobierno Sánchez ha cosechado unos resultados 'históricos' (adjetivo que le encanta al Presidente). Para ser exactos, los peores desde 2000 y con los resultados más bajos en Lectura, Matemáticas y Ciencias.
Pero, que no cunda el pánico, el ministerio de Educación desvela las claves del informe PISA: se queda con la parte que apunta a que el alumnado español reporta niveles de perseverancia ante el aprendizaje superiores al promedio de la OCDE. ¡Toma ya!