Una semana más, Hispanidad realiza una crónica recogiendo las últimas informaciones sobre la persecución -incluso genocidio- contra los cristianos, una realidad silenciada en muchos medios y en muchos gobiernos occidentales.

Esta semana empezamos en Yemen, donde, según el último informe sobre libertad religiosa 2025 de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), "tras una década de guerra entre la milicia chií hutí, respaldada por Irán, y las fuerzas leales al Gobierno reconocido internacionalmente y apoyado por Arabia Saudí, la situación política y humanitaria de Yemen es desesperada. Los brotes recurrentes de violencia entre chiíes, suníes, yihadistas y grupos tribales han sumido al país más pobre de Oriente Medio en una guerra civil crónica. Recientemente, ha aumentado la preocupación por una posible escalada del conflicto militar. La imposición de la versión huti de la fe chií zaidí a los musulmanes, especialmente a las mujeres, y la hostilidad hacia las minorías religiosas como los bahaíes son motivo de gran preocupación. Los ataques hutíes contra Israel y los barcos israelíes en el mar Rojo después de octubre de 2023 (el día 7 de ese mes se produjeron ataques de los terroristas de Hamás contra Israel) han ido acompañados de un aumento del discurso antisemita. Al mismo tiempo, el grupo yihadista suní AQAP supone una amenaza tanto para los musulmanes no suníes como para las minorías no musulmanas. En consecuencia, las perspectivas para la libertad religiosa en Yemen son negativas".

En ese contexto, Puertas Abiertas cuenta la historia de un cristiano, Mazen (nombre ficticio), que fue perseguido por unas deudas que no podía pagar debido a su pobreza. Concretamente, no pudo hacer frente a los gastos derivados del alquiler de su vivienda ni de los productos básicos en un mercado cercano. Entonces, fue acusado por un individuo ante las autoridades y un día que salía de casa fue golpeado por tres personas y luego arrestado por los agentes.  

Su esposa habló con la persona que le había denunciado y su respuesta fue: “Me dijo que, si llevaba todo el dinero de la deuda, tanto del alquiler como del mercado, Mazen sería liberado ese mismo día”. 

Pese a estas dificultades, Mazen siempre se apoyó en su fe cristiana: “Él siempre oraba al Señor Jesús y decía: ‘No tengas miedo, Jesús está con nosotros’”, cuenta su esposa, que con el ejemplo de su marido también se convirtió al cristianismo. 

Nuestro siguiente destino es Corea del Norte, donde, según el último informe sobre libertad religiosa 2025 de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), “el régimen norcoreano sigue reprimiendo toda expresión religiosa, imponiendo la lealtad ideológica a la dinastía Kim a través de los Diez Principios, una vigilancia exhaustiva, castigos severos y otras violaciones graves de los derechos humanos. El cristianismo y otras creencias religiosas se consideran amenazas existenciales, y sus seguidores se enfrentan a penas de prisión, tortura y muerte por poseer material religioso o participar en cultos clandestinos, tal y como documentan los testimonios de desertores y los informes sobre derechos humanos. La represión se ha intensificado en Corea del Norte desde la pandemia de la Covid-19. El cierre de fronteras y las órdenes de disparar a discreción han aislado aún más al país, obstaculizando la vigilancia externa y el contacto religioso. Leyes como la Ley de Rechazo de la Ideología y la Cultura Reaccionarias y la Ley de Garantía de la Educación Juvenil han ampliado el control estatal sobre la libertad de movimiento, expresión y pensamiento, sin dejar espacio para las creencias religiosas. Mientras tanto, la repatriación forzosa por parte de China de los fugitivos norcoreanos, incluidos aquellos con creencias religiosas, los expone a una persecución implacable. Las perspectivas para todos los derechos humanos, entre ellos la libertad de religión o de creencias, siguen siendo extremadamente sombrías”. 

En ese contexto, Puertas Abiertas cuenta otra historia, la de Kyung-hee (nombre ficticio), una madre cristiana norcoreana que huyó a China.

Kyung-hee cruzó la frontera hacia China atravesando un río, con la promesa de que en ese nuevo país encontraría trabajo. Pero lo que en realidad encontró fue su fe en Jesús, al recibir clases bíblicas de un colaborador de la ONG Puertas Abiertas. 

En China fue vendida como esposa a un hombre desconocido con el que tuvo una hija, Seo-yeon, aunque luego ese hombre murió. El Estado le quitó a la hija y pasó un tiempo hasta que pudo reencontrarse con ella, tras casarse con otro hombre. 

Kyung-hee dice que su versículo favorito de la Biblia es: “Amad a vuestros enemigos” (Mateo 5, 44). Y sigue firme en su fe, pese a las dificultades.

Urgen oraciones por los cristianos perseguidos por su fe en Jesús.