En Irlanda del Norte, el pasado 2 de diciembre de 2024, Claire Brennan (54 años y madre de cuatro hijos) fue condenada a pagar una multa de con 750 libras por el Tribunal de Magistrados por haber rezado y portar un cartel en favor de la vida dentro de lo que las autoridades británicas denominan 'zona de contención' o 'zona de acceso seguro' a una clínica abortista. 

La Ley británica de Servicios de Aborto establece que en estas 'zonas de contención', situadas en un radio de 150 metros desde un centro abortista, no se puede entrar a rezar ni a manifestarse en favor de la vida. 

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Brennan acudió al abortorio Causeway durante los meses de septiembre, octubre y noviembre y fue denunciada por unas mujeres. Por lo que tuvo que declarar el pasado 3 de enero ante otro Tribunal de Magistrados, en este caso el de Coleraine. Tendrá que presentarse de nuevo en el juzgado el próximo 2 de febrero. 

En el año 2024, esta mujer ya denunció que la Ley de Servicios de Aborto es "profundamente perturbadora, pues dice a los ciudadanos libres que serán arrestados si rezan". "Nuestras leyes, creencias y cultura sobre la defensa y protección de la vida en este país han sido pisoteadas. Si no somos libres de orar contra el aborto fuera de una clínica sin ser criminalizados, ninguno de nosotros es libre". 

Y añadió: «Soy cristiana y activista provida, así que es mi deber moral cubrir la brecha por los más pequeños y defender sus derechos, sus derechos a vivir. Ningún hombre puede tocar lo sagrado y ningún ser humano en la tierra tiene derecho a quitar la vida porque es sagrada».

Este tipo de noticias no hacen sino reforzar la idea de que rezar nunca es acosar, sobre todo si se hace en silencio y respetuosamente. Y, por supuesto, nunca debería ser considerado un delito. 

Y, por otra parte, plantea la necesidad de que los jueces abortistas -defensores del aborto- se inhiban, por ética profesional, cuando tienen que juzgar casos como el de Claire Brennan...

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