Cuando este miércoles leí en este mismo medio una carta al director, escrita por José Vicente Martínez, y titulada “Otro quebradero de cabeza para León XIV: los lefevrianos volverán a ordenar obispos el 1 de Julio”, pensé tres cosas: que era un buen artículo periodístico; que lo de “otro” es clave, pues el actual Vicario de Cristo en la tierra tenía ya muchos desafíos enormemente difíciles; y que éste, empero, no era de los más graves.

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Puesto que el más grave, con diferencia, es el terrible chantaje al que le someterá en breve la Conferencia sinodal alemana, cuyos estatutos, aprobados en asamblea plenaria el sábado pasado, están claramente en abierta ruptura con la doctrina católica de siempre y con la propia estructura jerárquica de la Iglesia.

En síntesis, según informó el diario alemán Der Tagenpost y ha explicado maravillosamente bien el Padre Santiago Martín en su canal de youtube, con el voto favorable de dos tercios de los obispos alemanes y de la mayoría de laicos y religiosos que formaban parte de la asamblea, se aprobó que la Conferencia sinodal tendrá 81 miembros cuya tercera parte serían obispos; otra tercera parte laicos pertenecientes a las organizaciones de la enorme burocracia eclesial alemana; y la última, religiosos y laicos consagrados. Entre los dos últimos grupos habrá al menos 13 mujeres y 5 jóvenes menores de 30 años. Todos los miembros tendrán el mismo derecho a voto, con igual valor. Y todas las líneas de actuación y medidas pastorales y de supervisión serán aprobadas por mayoría y tendrán carácter obligatorio para todos los católicos alemanes. Y aquellos que se opongan o que no la cumplan serán señalados…

También se volvieron a aprobar los objetivos de la Conferencia. Entre otros: la elección de los Obispos por los laicos; la supresión del celibato sacerdotal; la modificación de los puntos del Catecismo de la Iglesia sobre la homosexualidad; suprimir los requisitos para recibir la comunión; el acceso de la mujer al diaconado como primer paso…

Y, tras la segura aprobación por la Asamblea Plenaria de los Obispos (presumiblemente por 22 a 5) todo ello le será presentado al Papa a mediados de febrero para que también lo apruebe, a sabiendas de que no puede hacerlo, si quiere ser fiel a Cristo y a la tradición católica…

El desafío es terrible y nos recuerda, entre otros, al de Lutero en 1517 y al de Enrique VIII en 1534. Y también a las presiones sobre el Papa desde grandes poderes políticos y económicos en 1968 para que diera su bendición a las prácticas anticonceptivas.

Como todos sabemos, ni León X, ni Clemente VII, ni Pablo VI sucumbieron al chantaje. Pero también somos conscientes de que esta vez no se trata de enfrentarse a un fraile descerebrado y a unos cuantos nobles que lo apoyaron por motivos políticos; ni a un rey caprichoso y cruel; sino a una gran parte de sus colaboradores en el gobierno de la Iglesia, sucesores de los apóstoles, y a una parte del pueblo de Dios, que no se reducen al territorio alemán, sino que cuentan con seguidores y simpatizantes en diversos dicasterios del propio Vaticano y, en mayor o menor proporción, en casi todos los episcopados y en laicos de los demás países. Y, por supuesto, que cuentan con el apoyo de la mayor parte de los medios de comunicación, incluidos algunos que figuran como católicos.

A sabiendas de este apoyo externo, al acabar las sesiones del Consejo Sinodal, el propio Presidente de la Conferencia Episcopal declaró, muy ufano y crecidito él, que lo que habían aprobado no solo era para el bien de la Iglesia alemana, sino que Alemania sería el faro que dirigiera a la Iglesia Universal hacia su futuro.   

Al pensar en este chantaje a un Papa extremadamente delicado, pacífico y prudente, cuyo principal objetivo declarado es precisamente conseguir la unidad de la Iglesia, y, por elevación, al considerar la trágica situación actual de Ésta, me vinieron a la cabeza un batiburrillo de ideas y reflexiones.

Por ejemplo, que se ha cumplido en todos estos años, y, sobre todo en los recientes, aquello que Nuestra Madre la Virgen María les dijo a las niñas videntes de Garabandal: “hay muchos sacerdotes, Obispos y Cardenales que andan por el camino de la perdición”.

O que Joseph Ratzinger/ Benedicto XVI tenía razón cuando afirmó multitud de veces que el peligro grave que se cernía sobre la Iglesia era el de la “mundanización”. De hecho, (esto que sigue es mío no de mi admirado Benedicto)  siempre he considerado que, aunque los medios de comunicación se empeñen en dividir a los miembros de la Iglesia entre “progresistas” y “conservadores” (también llamados ultracatólicos por los periodistas más “tolerantes”), la verdadera denominación de está oposición sería entre los mundanizados y los fieles, sabiendo que hay grados de mundanización y de fidelidad, y que todos somos pecadores, también en diversos grados.

También me han venido a la cabeza esas firmes palabras de san Juan Pablo II, que repitió varias veces cuando algunos de sus colaboradores le sugerían que no fuera tan tajante en tal o cual tema porque muchos podrían abandonar la barca: “¡Tenemos que amar y defender la verdad aunque quedemos solo doce!”.

Posiblemente mi papa favorito tenía en la cabeza y en el corazón el pasaje del Evangelio donde se narra la defección de tantos discípulos del Señor cuando Éste les anunció que Él era verdadera comida y verdadera bebida. Pero los doce se quedaron, porque sólo Él tiene palabras de Vida Eterna, aunque en ese momento no las entendieran ni mucho ni poco.

Y, por último, he considerado que aquellos que, a pesar de nuestros pecados y defectos, queremos seguir siendo fieles a Dios y a Su Iglesia, tenemos que rezar muchísimo para que el Papa León haga la Voluntad de Dios y no la de los hombres, aunque sean millones en todo el mundo.

Y, por supuesto, he concluido que, ante esta situación debemos renovar, con la ayuda y la sonrisa de la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, y Madre de la Iglesia, nuestros deseos y nuestra voluntad de fidelidad a la Verdad que Cristo nos legó y que sólo la Iglesia Católica mantiene en su integridad. En Dios no hay verdades a medias.