Una semana más, Hispanidad realiza una crónica recogiendo las últimas informaciones sobre la persecución -incluso genocidio- contra los cristianos, una realidad silenciada en muchos medios y en muchos gobiernos occidentales.

En el contexto de la guerra entre la coalición formada por EEUU e Israel contra el régimen islamista chií iraní de los ayatolás, iniciada el pasado 28 de febrero, Israel está respondiendo a los ataques de la guerrilla terrorista chií y proiraní Hezbolá, que se dedica a lanzar cohetes a los judíos desde el Líbano.

Ante el inicio de sus operaciones terrestres y ataques inminentes, Israel ha llegado a pedir a los habitantes del Líbano del sur del país que “salven sus vidas y evacúen de inmediato”.

Sin embargo, cristianos del sur del país se han negado a abandonar sus casas, pese a la imposición judía de que se vayan de allí y pese a los ataques que están efectuando los israelitas, que han costado la vida, por ejemplo, al sacerdote maronita Pierre el Rahi

Hay unos unas 120.000 desplazados internos, la mayoría musulmanes chiíes, pero también cristianos, segun ACN. Para todos, las autoridades libanesas han habilitado medio millar de refugios (escuelas públicas, etc). Y las iglesias cristianas también les han abierto las puertas.  

En ese contexto, Mariella Boutros, coordinadora de proyectos en el Líbano de la fundación católica Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), declaraba: “La Iglesia es realmente una roca en el Líbano. Si la Iglesia y sus instituciones se derrumban, se producirá un éxodo masivo de cristianos. La caída de la Iglesia supondría la caída de todos los cristianos de Oriente Próximo. Los cristianos de Siria, por ejemplo, dependen realmente de la Iglesia en el Líbano. Nos suelen decir: «Manteneos firmes y entonces nosotros también estaremos bien»”.

No obstante, añade que los recursos de la Iglesia para acoger a los desplazados son limitados, ya que también tiene que ayudar a una amplia red de escuelas, hospitales, residencias y orfanatos.

“Especialmente en Oriente Próximo, se trata de construir comunidad. Queremos que la gente permanezca arraigada aquí. Si la Iglesia no permanece cerca de las personas, corremos el riesgo de perder a los fieles a causa de la emigración. Lo que estamos sosteniendo es precisamente la misión de la Iglesia“, añade.

“Es importante dar a la gente comida, combustible y todo lo necesario. Pero el verdadero apoyo consiste en que la Iglesia permanezca al lado de los fieles, abra sus puertas y haga visible que está aquí para sostener, acompañar, rezar juntos y vivir juntos la misión de Cristo. La Iglesia es realmente un baluarte para que los cristianos puedan permanecer en esta tierra”.

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En la misma línea, AsiaNews recoge el testimonio del religioso de la Congregación del Santísimo Redentor, el misionero Shinto Moongathottathil, residente en Líbano: “La situación actual es muy grave”. (…) “En medio de este miedo, nosotros tres, misioneros redentoristas (los padres Binoy, Shinto y Lijo), hemos tomado una decisión clara. ¡Nos quedamos! No nos limitamos a observar esta guerra desde lejos; la estamos viviendo junto a la gente. Muchos nos preguntan por qué nos quedamos, siendo que es peligroso. La respuesta es sencilla: nuestra presencia es nuestra misión”.

“A veces la gente piensa que los misioneros siempre tienen que ‘hacer’ grandes cosas. Pero hemos comprendido que el simple hecho de quedarnos es lo más poderoso que podemos hacer. Cuando la gente ve que no hemos huido, les da valor. Es como decirles: ‘No están solos. Dios no los ha olvidado’”, prosigue el misionero.

“Una parte muy importante de nuestra misión aquí es nuestra fraternidad con las Misioneras de la Caridad (Hermanas MC). Celebramos la Santa Misa con ellas. En tiempos de guerra, la Eucaristía es nuestra mayor fortaleza. También ayudamos a las hermanas en su hermoso servicio a los pobres. Predicamos jornadas de retiro, escuchamos confesiones y brindamos apoyo espiritual a los que están exhaustos. En este tiempo de tantas dificultades organizamos un momento especial de Adoración para los detenidos y para los que viven bajo el cuidado de las hermanas. En esa hora de silencio ante el Santísimo Sacramento, el ruido de la guerra se desvanece y encontramos la paz que solo Cristo puede dar”, cuneta el padre Moongathottathil.

"Nuestra misión también nos lleva al corazón de nuestro barrio. Incluso en plena guerra, salimos a visitar a las familias de nuestra zona, especialmente a los ancianos o a los que están demasiado enfermos para salir de casa. Durante una guerra, estas personas son generalmente las que se sienten más olvidadas. Cuando vamos a verlas y les llevamos la Sagrada Comunión, no solo les ofrecemos un sacramento, sino el consuelo de la Iglesia. Nos sentamos con ellos, escuchamos sus preocupaciones y rezamos juntos. Estas visitas les recuerdan que, incluso cuando el mundo parece desmoronarse, Dios sigue caminando a su lado”, relata el misionero.