En pleno Paseo de la Castellana, el Papa León XIV convocó a los jóvenes para un acto que empezó siendo musical y terminó siendo una adoración al Santísimo, expuesto en la Custodia. Una gran idea. Y eso que fue una exposición un tanto singular, porque lo propio de lo que se conoce como 'la Hora Santa', es decir, la adoración eucarística, una tradición católica que ha adquirido un arraigo extraordinario, es una liturgia sin liturgia. El hombre se arrodilla ante su Creador, no recluido en el Sagrario, sino expuesto y a partir de ahí, el penitente puede hacer lo que quiere y puede pasar cualquier cosa.

 

 

 

En esta Hora Santa especial se leyeron textos del Evangelio y el Papa se dirigió a los jóvenes: León XIV sabe rezar y sabe animar a rezar.

 

 

"Para reconocer la voz de Dios, puede ayudarnos, ante todo, el silencio", una alusión a la clave de la adoración que se resume en dos palabras: soledad y silencio. Soledad que no es soledad, porque está hablando con el Creador Padre y silencio, porque la oración católica no es meditación, es diálogo con Dios, ni más ni menos.

Foto: Miguel Caireta Serra

Foto: Sergio López de Toro González

Sin duda, el mejor discurso, al menos hasta ahora, del Papa en España.

 

 

 

 

En resumen, una ceremonia para recordar. Por el momento, lo mejor del pontífice. En la Plaza de Lima sólo faltó una joven: una tal Leonor de Borbón, futura Reina de España. 

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