León XIV dirigió el martes 9, al caer la tarde, una vigilia de oración en el monte de Montjuic, en Barcelona. En el estadio hoy llamado Lluis Companys, el líder de la actual ERC, al que el catedrático de Historia Javier Paredes le considera responsable último de entre 8.000 y 9.000 asesinatos de católicos y derechistas varios, durante el periodo 1934-1939, en el que tuvo las riendas de la Generalitat catalana.

Relacionado

Pero ya se sabe que la historia hay que respetarla, no manipularla ni impugnarla. En todo caso, resulta llamativo contemplar a un Papa hablando en el estadio al que yo prefiero llamar Estado Olímpico de Montjuic antes que remembrar a un personaje siniestro como Companys, al que hoy se alaba sin pudor alguno, en un ejercicio de desmemoria histórica. 

Ceremonia bilingüe, porque esta Papa se esforzó en conjugar catalán y español, lo que dificultaba el entendimiento de su mensaje -todos en Barcelona hablan español pero no todos hablan catalán- que es lo importante. Aún así lo hizo, porque está dispuesto a utilizar todos los canales para vender a Cristo.

En Montjuic se echó mano de los testimonios, esa moda un tanto forzada -esa perversa tendencia al espectáculo de los católicos- porque el católico da testimonio con sus hechos, no con sus palabras, y porque no es buena señal del Espíritu el estar hablando de uno mismo. Resulta mucho más cristiano hablar de los demás ... y no siempre mal.

De los tres testimonios, el neocatecumeno, la deprimida y la jovencita con padre en la cárcel por intentar asesinar a su madre, me quedó con los dos últimos. Y es que en ambos el Papa empleó su técnica del palo y la zanahoria, el toma y daca, una concesión al tópico, al progresismo del lugar común, al tiempo que una elevación de las tontunas progres a Cristo, que es la única forma de ennoblecerlas.

Quiero decir que a la suicida le contestó de dos maneras: de un lado, con el tópico, políticamente correcto, de reclamar un sistema sanitario que se preocupa de la salud mental... pero, al mismo tiempo, recordando que "Dios no nos abandona" y que "llora nuestras lágrimas".

 

 

Cuando era joven, hace varias décadas, yo también sufrí depresión. Hoy sé que, aunque los médicos y los fármacos me ayudaron, el que me libró de la depre fue Cristo, esto es, la oración, que dio un sentido a mi vida y me hizo vivir la filiación divina, llave de la existencia. 

Incluso más: cuando estuve fuera me di cuenta de que el primer culpable de una depresión es el deprimido. Sí, porque generalmente se cae en esa tristeza compulsiva por vivir pendiente de uno mismo. El que vive pendiente de los demás nunca de deprime.

Lo mismo, palo y zanahoria, con la muchacha que había sufrido el drama de que su padre intentara asesinar a su madre, matara a quien se interpuso y terminara en la cárcel.

Primero el tópico, el Papa habla de violencia contra las mujeres, de feminicidios, y El País, siempre al quite en la interpretación mundana, superficial, concluye que Pontífice llama a acabar con los feminicidios.

De otra, el daca: el Papa sabe perfectamente que la gran mentira sobre ideología de género consiste en convencerse de que todas las mujeres son santas y no practican ningún tipo de violencia: son sólo víctimas de las violencia masculina, ogro feroz y violento. Y claro, no pretendas que nadie, ni hombre ni mujer, comulgue con esa rueda de molino. 

Pero, a renglón seguido, el Papa responde a nuestra jovencita que no debemos preguntarnos dónde estaba Dios cuando su padre intentaba matar a su madre. Lo que deberíamos preguntarnos es dónde estaba el hombre. 

Con ello, el Pontífice quiere decir que el truco de la historia consiste en que Dios ha creado hombres libres porque no quería que le amaran sino aquellos que también podían odiarle, aquellos que le aman porque les da la realísima gana. 

Una de cal y otra de arena. Una concesión al mundo para, inmediatamente, elevar ese mundo a Cristo. León en estado puro.

¿Cuánto tiempo podrá navegar el Papa en ese dicotomía para atraer a todos hacia Dios, única salvación posible para el género humano así como la llave de la felicidad humana? No lo sé, ojalá que para siempre pero la situación de la Iglesia, y por tanto del mundo, es difícil.

Y ya para ser malo, resaltar el contraste entre las palabras del cardenal-arzobispo de Barcelona, monseñor Juan José Omella, que, al igual que el cardenal arzobispo de Madrid, monseñor José Cobo, omnipresentes ambos en el viaje papal a España, apenas hablan de Dios y cuando lo hacen es mediante citas interpuestas... mientras el Papa León no habla de otra cosa que de Dios y sin intermediarios. 

Cobo se pierde entre los acuíferos madrileños y Omella recuerda la Olimpiada de 1992, un hecho formidable, sin duda, pero ajeno a un viaje papal y ajeno a la evangelización que precisa unas sociedad tan paganizada como la catalana, aún más paganizada que la madrileña.