Con una eucaristía en Tenerife, el Papa León XIV ha puesto fin a su viaje por España de siete días, intensos en agenda.
Y se ha despedido de una forma, cuando menos curiosa. En la homilía de su última eucaristía, ya casi camino del aeropuerto, ha comenzado su alocución con una inesperada llamada a lo que Teresa de Jesús hubiese resumido con su famosa jaculatoria: "Alma, calma".
Es curioso, son muchos los sanos que han dedicado páginas a combatir la celeridad, el aturdimiento, la prisa. Dios huye de las almas atolondradas, aseguraba Santa Faustina Kowalska. Y ahora un Papa, en el archipiélago canario lo lleva a portada.
Habló el Papa de celeridad, no sólo en las cosas de Dios, sino en cualquier cosa.
No al apresuramiento, dijo el Papa, que atropella a quienes tenemos alrededor, sean ricos o pobres, que a unos y otros hay que evangelizar.
Por cierto, que Yago de la Cierva, organizador del viaje, ha revelado una de las notas del periplo papal. León XIV ha llegado tarde a algunas cositas casi siempre no por su culpa, sino por la de las muchas personas que quieren saludarle, Él no ha renunciado a ninguna y claro, el tiempo se le echaba encima. Cuando le decían que iban a llegar tarde él declaraba:
-No tengo prisa.
Y una segunda sorpresa de despedida, tras dos días dedicados a los más impecunes, o sea, a los inmigrantes, el Papa se descuelga con una apuesta por la evangelización de los ricos, pues si Canarias es tierra de inmigración no lo es menos de turismo.
No sé yo si el clero canario tiene en cuenta esta evangelización de los turistas.