Leo en el diario ABC, el de Florentino Pérez, que AfD ya es el partido más votado en Alemania, según las encuestas. ¿Se supone que los católicos debemos estar contentos con esta situación? Pues por supuesto que no.

AfD no es un partido cristiano, es un partido ultra que bebe en las misma aguas de las que bebió Adolfo Hitler: la supremacía disfrazada de rencor contra aquel que te humilló. 

Dirigido por una lesbiana orgullosa de su condición -no, no es lo mismo lo uno que lo otro- y con un solo presupuesto: no a la inmigración.

Pero Cristo exige a los cristianos recibir al emigrante con los brazos abiertos. Y eso, a pesar de los pesares: la emigración es mala de suyo, significa que en un país hay quien no puede sobrevivir y debe huir a un mundo extraño. Además, todo país tiene derecho a ordenar la emigración que recibe y a exigir al recién llegado que le respete. Encima, la famosa multiculturalidad suele ser causa de caos y confusión. Mismamente, en una Europa convertida hoy en un "sumidero donde se mezclan las culturas y se hunden las morales".

En Europa hay dos 'extremas derechas': la que sólo lucha contra la inmigración y la que los progres llaman ultra... por ser cristiana. En la primera están los alemanes de AfD y Le Pen; en la segunda, el fenecido Víctor Orban o Giorgia Meloni. En España, Vox. Estos últimos no tienen nada de extrema derecha, son cristianos, pero concedámosle la nomenclatura a los progresistas.

El drama de Europa es que las dos grandes corrientes políticas surgidas de la postguerra, la socialdemocracia y la democracia cristiana, han perdido su esencia. La primera ha perdido la idea, cristiana, de justicia social. La otra, la corriente democristiana, entiende que la Iglesia es una ONG y ha prescindido del sentido trascendente que identifica al credo católico

Ahora bien, el progresismo se ha reducido a aquello de "abajo los curas y arriba las faldas". Es decir, nada es verdad ni mentira, con el añadido de un presunto libertinaje sexual... que encima se queda en mera teoría. Es decir, que el progresismo se ha quedado en una cáscara vacía. 

Por tanto, no es que tenga unos valores distintos al cristianismo: no tiene valor alguno y, por ello, para que el cristianismo no le exhiba sus vergüenzas necesita descalificar los principios cristianos, calificándolos de 'ultra'.

En España tenemos un PSOE que es socialdemocracia de izquierdas, muy progre, y un casi igual de progre Partido Popular que es socialdemocracia de derechas. Los principios cristianos, y con problemas, sólo los representa Vox. Esperemos que siga así porque su evolución actual es más nacionalista que cristiana.

Un detalle, señor Abascal, el derecho a la vida, o la defensa de la familia natural, o el mismo cheque escolar, o la propiedad privada, son principios más importantes que la prioridad nacional... que también es correcto, pero secundario respecto a los primeros.

Relacionado

En todo caso, hay algo que empieza a ser urgente: calificar de ultra a todo principio cristiano supone una trampa muy peligrosa. Sólo se combate con verdad y coraje: un político católico no puede tener miedo a que le llamen ultra por defender a Cristo y, al mismo tiempo, debe ser coherente con sus principios.