La integridad no es un estado estático sino una práctica que una vez que se aprende a atajar por el camino de la deshonestidad, el cerebro automatiza el engaño como la inercia de montar en bicicleta sin apenas resistencia. En la España actual, esta inercia ciclista parece haberse consolidado como un ingrediente sistémico de ciertos estratos de la vida pública para eludir la responsabilidad (accountability).
La agresión, como la corrupción, no nace del vacío, se alimenta de la pusilanimidad. El "caso Begoña" y las numerosas sombras que asolan en España sobre la gestión fraudulenta de fondos públicos, mientras enarbolan la bandera contra una guerra para desviar la atención, son ejemplos de esa destreza técnica perfeccionada para ocultar el pillaje a espaldas de la ley.
Sin embargo, el negro futuro no solo acecha al que mete la mano en la caja de guerra sin distinción de clases, sino al pusilánime que, por disciplina de partido o comodidad personal, decide no ver lo que tiene delante. Así se observa también en el conflicto actual en Oriente Medio.
Hay potencias que no dudan en prestar solidaridad (política, logística, armamentística etc) a la actuación de Trump-Netanyahu en Irán. Y luego están otros “socios” –a punto de perder tal condición en Medio Occidente– que se posicionan justo al lado de regímenes terroristas como Irán, Venezuela, Hamas, Rusia, etc. como anteriormente lo hicieron al lado de ETA y golpistas catalanes. Delcy Rodríguez también violó el derecho internacional, pero le pusieron alfombra roja en Barajas.
En el contexto español, la polarización sirve y sigue sirviendo como la cadena perfectamente lubricada para montar en bicicleta, sea enduro o de paseo. Si la actuación por las masacres contra poblaciones inocentes y la violación de los derechos humamos es una agresión del derecho internacional, España pretende guardar el equilibrio como la bici entre estar el lado correcto de la historia y el negacionismo en un momento de máxima debilidad interna apelando a un derecho que previamente se mutila. Imaginen que combatir el terrorismo de ETA fuera recriminado por los indepes vascos por recurrir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
¿Quién nos asegura que la Rusia de Putin no esté prestando asistencia a Irán en su conflicto con EEUU e Israel y por tanto contra Europa/Occidente? ¿La violencia justifica actuar violentamente contra el agresor? Volvemos al mismo debate que con el conflicto entre Israel y Gaza (alentado, por cierto, también por Irán). Que se lo pregunten a los alemanes víctimas de los bombardeos aliados para acabar con el Tercer Reich y el Holocausto.
Cuesta imaginar a Churchill en medio de la II Guerra Mundial diciendo: ““No a la guerra” (Fack off). Sánchez no aplica el mismo derecho cuando se trata de justificar dictaduras tipo Venezuela, Cuba, Palestina o Marruecos.
Ningún otro país como Irán ha intervenido en el mayor número de países a través de sus milicias para desestabilizar y aterrorizar a la población tanto en Oriente Medio como en todo Occidente (Medio y Lejano) y sin embargo aquí algunos apelan cínicamente al respeto del derecho internacional. Aludir a la misma postura de Moncloa en defensa de Ucrania cuando ha estado comprando gas ruso durante los últimos años, es de un cinismo everéstico.
Por otro lado, da risa que la única postura europea hasta poco antes de la intervención norteamericana/judía haya sido declarar grupo terrorista a la Guardia Revolucionaria de Irán dando la espalda a las matanzas del pueblo iraní. Para los críticos de la guerra: ¿la solución entonces es…?
Por eso cuando la supervivencia política depende de la obediencia ciega, la pusilanimidad se convierte en una especie de patrón oro. La picaresca, de ser género literario propio del Siglo de Oro, se ha transformado en un estilo de gestión en la democracia española donde el coste de ser justo y solidario parece no compensar el beneficio del cinismo y el convoluto.
“Cuesta imaginar a Churchill en medio de la II Guerra Mundial diciendo: ““No a la guerra” (Fack off). Sánchez no aplica el mismo derecho cuando se trata de justificar dictaduras tipo Venezuela, Cuba, Palestina o Marruecos”
Sin consecuencias sociales, el agresor encubierto y el corrupto seguirán pedaleando, abriendo la campaña electoral y robando hasta las bicicletas, convencidos de que su habilidad para guardar el equilibrio sobre dos ruedas para practicar enduro es, en realidad, una virtud de supervivencia que no se desaprende nunca.
Como dirían algunas tuiteras: “Me sublevan los corruptos que proclaman la subida fiscal y luego degradan los servicios públicos”. A otros les sublevan solo un tipo de guerras, haciendo la vista gorda a los violentos que exterminan a su propia población civil.
Negarse a la guerra está muy bien, pero negar las amenazas que conllevan a otra guerra fija discontinua está peor. España se juega el completo autarquismo de sus socios tradicionales por hacer caso al antiatlantismo de su coalición de investidura. Si con la misma contundencia los políticos y la sociedad civil combatieran el negacionismo y la corrupción institucional en España, tal vez nuestra voz en el exterior en conflictos internacionales se tuviera en cuenta como socio de fiar.