Incarnatus est. Así se llama el instituto creado en Boadilla del Monte, provincia de Madrid, por el filósofo francés Fabrice Hadjadj. No le conozco pero he leído varios de sus libros y lo primero que tengo que decir es que don Fabricio es un cachondo profundo, algo muy distinto del profundo cachondo. Vamos, que es un sabio cachondísimo. Con decirles que, aunque es francés, tiene sentido del humor.

No explican mal qué son los Incarnatus est... y esto en verdad resulta extraño. 

Digamos que Incarnatus recupera la tradición pedagógica medieval, que informaba pero también formaba, que no quería expedir títulos sino conseguir personas que tuvieran un sentido de sus vidas y para sus vidas, que, además de discípulos de Aristoteles, fueran Hijos de Dios. 

Una mezcla de alto voltaje entre fe y razón que Tomasín, el doctor Angélico, ya demostró posible, al menos para quienes logran entender que la razón es una cuestión de fe y que la razón es necesaria pero la fe resulta imprescindible para la supervivencia.

Quizás por ello, el ideal de Incarnatus consiste en que docentes y discentes convivan mucho más allá de las aulas clásicas. Ambos grupos lo harán durante nueve meses y yo espero mucho de este singular modelo educativo. Porque enseñar matemáticas es fácil, enseñar a vivir es mucho más complejo. Por de pronto, necesitas lo antedicho, que, para ti, la vida tenga sentido.

Pues bien, esta mezcla de universidad de alto nivel y seminario de alta oración, que ha puesto en funcionamiento el gabacho don Fabricio, choca directamente con nuestra consuetudinaria y funcionarial universidad actual y, sobre todo, choca con una nesciente pero pedantona clase política que, tras suprimir la ley natural suprimió la objetividad y entonces tiene que decidir mediante títulos y pólizas, -o aún peor, en los tribunales- quién es listo y quién es tonto- y qué es verdad y qué es mentira.

Así que será la Universidad Francisco de Vitoria la que otorgará los títulos de Incarnatus. No sé títulos de qué... y tampoco me importa mucho. El caso es que alumnos de esta genial originalidad puedan presentar un documento que acredite que no se han dedicado a tocarse los pinreles.

Por tanto, Incarnatus ha firmado un acuerdo con la universidad católica madrileña Francisco de Vitoria (me gusta el nombre de esta Uni), aunque a sus promotres -tanto a Incarnatus como a la FdV- les importe más bien poco.

¡Esta vez, la revolución educativa no comienza en Harvard, sino en Incarnatus!... Boadilla del Monte, provincia de Madrid.