Como la estafa climática ya no cuela, y como los excesos de la salvajada 'gender' han desembocado en ridículo 'Woke', la cristofobia progre-clerical se acoge ahora a la sinodalidad. Queremos una Iglesia sinodal, la queremos completa y la queremos ahora. El reciente Consistorio no ha servido para nada pero en sólo 48 horas la clerecía modernista ha vuelto a asomar la patita, que no es blanca, y ha vuelto a dar la pelmada de plantear una iglesia sinodal, democrática, donde quepamos todos pero mandemos nosotros.

Lo hacen a sabiendas de que la Iglesia jamás será una democracia por lo del viejo chiste de Asterix: "Esto de que los dioses se comporten como si fuesen amos tiene que acabarse". Pues mire usted, Dios es más que amo, es la cabeza misma del Cuerpo Místico. Manda Él y sólo Él. Con su vicario en la tierra como instrumento.

Y la sinodalidad es de una demagogia hipócrita: pretende ser una democracia pero su comportamiento es sectario: margina a todo aquel que se atreva a discrepar

¿Y qué hace León XIV para afrontar este reto? Pues en teoría nada, espera, y a lo mejor su actitud está llena de sentido. Me atengo a lo que ya he dicho en estas pantallas: todavía no sé quién es Robert Prevost. Todo lo que dice es bueno, pero si algo hay que achacarle es por omisión

En todo caso, la Iglesia sinodal es una quimera extraordinariamente molesta. Quimera por imposible. Encima, la sinodalidad es de una demagogia hipócrita: pretende ser una democracia pero su comportamiento es sectario: margina a todo aquel que se atreva a discrepar. 

El Cuerpo Místico de Cristo es una dictadura donde manda uno: Jesucristo. Porque el creado no puede mandar más que el Creador ni el redimido que el Redentor. Porque los dioses se deben comportar como amos... y algo más: como dioses.

La Iglesia sinodal es una quimera... pero extraordinariamente molesta.

¿Y en la Iglesia española hay mucho obispo sinodal? Sí, tanto en Cataluña como en Madrid.