Pues la verdad es que no me ha gustado mucho el mensaje del Papa León XIV para la Jornada "Jornada Internacional de la Fraternidad Humana" (miércoles 4), donde se entregó el Premio Zayed a la Fraternidad Humana 2026.
O a lo mejor resulta que lo no me gusta es la Jornada de la Fraternidad, propiamente dicha: Dios nos libre de la empalagosa fraternidad.
Participa el presidente de Azerbaiyán, Ilham Heydar Oghlu Alíyev, que no deja de ser el miserable que, apoyado por el miserable mayor de la zona, el turco Recep Tayyip Erdogan, ha perpetrado un proceso de ingeniería social con los cristianos armenios en Nagorno Karabaj.
Y también me es igual que allí estuviera presente el propio Gobierno armenio, que ha tenido que tragar con una paz injusta por la que 100.000 armenios, pueblo cristiano mártir, han tenido que abandonar sus hogares.
¿Premio Zayed? ¿Y quién era el tal Zayed? Pues era el miembro de una de las familias más importantes de Emiratos Árabes que en 1966 se convirtió en la máxima autoridad del Emirato de Abu Dabi. Y sí, es verdad que hoy en día sigue siendo uno de los países musulmanes donde, al menos, no se masacra a los cristianos, pero sólo eso.
¿Por qué el Papa León XIV mantiene el entente de su antecesor, el Papa Francisco, quien firmó un documento sobre fraternidad con el gran Imán Ahmad Al-Tayyeb? Pues por no romper la línea de su antecesor y porque todo acuerdo para no rompernos la crisma, debe ser bien recibido. Ahora bien, me temo que nuevamente la Iglesia ha cedido demasiado con tal de no enfrentarse al mundo musulmán.
Total: un papa hablando del Día Internacional de la Fraternidad. Nosotros, los cristianos, no tenemos días internacionales, tenemos santoral.
Me explico: ¿Fraternidad? El cristianismo no se preocupa por la fraternidad sino por la paternidad. Y por la correspondiente filiación divina del hombre que, es, precisamente, lo que niegan los musulmanes, para quien el hombre no es hijo de Dios sino esclavo de Dios.
Es más, antes que hermanos de los hombres, que está muy bien, los católicos somos hijos de Dios, que está mejor y por la vía del amor de Dios amamos a los hombres. Sólo por esa vía.
Los católicos, esto de la fraternidad se lo dejamos a los masones, deístas incapaces de amar a Cristo, a quien aborrecen, o de sentirse redimidos por Cristo.