Recogía ayer Hispanidad que organizaciones no gubernamentales financiadas por la Unión Europea promovieron un supuesto derecho internacional al suicidio asistido y a la eutanasia, para que sea reconocido en un nuevo tratado de las Naciones Unidas (que se va a preparar durante los próximos años), y que además sea jurídicamente vinculante.
Las discusiones se produjeron en el Grupo de Trabajo Intergubernamental sobre los Derechos Humanos de las Personas Mayores, que es el encargado de redactar el nuevo tratado de la ONU. En ese escenario, las citadas organizaciones no gubernamentales financiadas por la UE exigieron que el tratado incorpore los “derechos sexuales y reproductivos”, la diversidad, la igualdad y la inclusión (DEI), la ideología de género e incluso el “derecho a morir con dignidad”, es decir, todo el programa del Nuevo Orden Mundial NOM).
En esas discusiones, por cierto, no han faltado las críticas a países como Canadá, Bélgica, España y los Países Bajos por permitir el suicidio asistido de niños, personas mayores y personas con discapacidad, así como de personas a las que únicamente se les ha diagnosticado depresión; y Francia también ha sido criticada porque en su nueva ley de eutanasia no ha adoptado garantías suficientes para las personas con discapacidad, de edad avanzada o con trastornos mentales. LAt´ñecnia habitual: se empieza entreabriendo la puerta y se acaba abriéndola de par en par.
De hecho, ayer, Francia publicaba en su boletín oficial del Estado -Journal officiel- su ley de eutanasia, tras su validación, el pasado 14 de agosto, por el Consejo Constitucional. De esta forma, las directrices eutanásicas del Nuevo Orden Mundial van colonizando los países occidentales más importantes, con el objetivo último de transformarla en un supuesto derecho, como han hecho con el aborto.
Recordemos que la eutanasia y el suicidio asistido suponen traspasar la frontera ética de que la vida es sagrada y ni uno mismo y ni mucho menos un tercero puede disponer de ella. Esa frontera ética está en la conciencia de todas las personas del mundo y es conforme a la ley natural, que dice que hay respetar la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción a la muerte natural.
La eutanasia y el suicidio asistido suponen traspasar la frontera ética de que la vida es sagrada y ni uno mismo y ni mucho menos un tercero puede disponer de ella
Y esa frontera ética debería estar reconocida por las leyes: como el ‘no’ a la pena de muerte, al asesinato o al homicidio. Es decir, es la misma razón por la que hay que oponerse también a la pena de muerte (la cual acaba de ser eliminada en Líbano, por ejemplo), al asesinato o al homicidio: no con un argumento religioso, sino meramente humano y racional.
En los países donde la eutanasia se ha legalizado -como en España- está ocurriendo que se empieza permitiéndola sólo en casos excepcionales y por voluntad propia, pero se termina aplicando sin restricciones, a cualquier persona e incluso en contra de su voluntad, y de manera especial a los más débiles y vulnerables: enfermos mentales, ancianos, discapacitados sobre todo intelectuales..., que no pueden defenderse ante la decisión de otros -el Estado, un médico, los jueces, los políticos, sus familiares- sobre sus vidas.
Se trata de un plano inclinado o pendiente deslizante muy difícil de parar que provoca que la vida no tenga ningún valor, especialmente la de los más débiles y vulnerables, y que sea a ellos a quienes se termine aplicando al eutanasia incluso sin su consentimiento.
Es la eutanasia global y total.