Una mujer acude al Centro de Planificación Familiar de Burela en Lugo, pide que le provoquen un aborto, los médicos le dicen que no, dado que estaba embarazada de 27 semanas, es decir, de siete meses.
Ella se va a casa y al cabo de los días se dirige al Hospital de La Mariña con un fuerte sangrado vaginal, y reconoce que, durante varios días y deliberadamente ha estado tomando un medicamento de principio activo misoprosol, un fármaco que se usa para provocar partos. Es más, es uno de los dos medicamentos usados para los abortos químicos. Así, esa mujer acabó con la vida de su hijo.
Ahora, la Fiscalía pone precio a la vida del ser humano asesinado y pide para la mujer una multa de 1.000 euros. Una nueva muestra de la corriente abortera, el Parlamento Europeo aprobó el "derecho al aborto", es decir, convertir la despenalización del aborto en derecho al aborto. De ahí, se irá a por el siguiente objetivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS): instaurar el aborto a vencimiento, hasta el mismísimo momento del parto.
El aborto es tratado como un derecho fundamental, dentro y fuera de nuestras fronteras. La Organización Mundial de la Salud (OMS), dirigida por Tedros Adhanom, uno de nuestros peores ciudadanos, está en plena campaña para promover el aborto hasta el mismísimo parto.
Tedros ha solicitado que ningún país se atreva a limitar el ‘derecho al aborto’ basándose en “límites de edad gestacional”. O sea, aborto libre hasta el mismísimo parto… y más allá.
En esta línea, como decimos, también van Europa y España, que está metida por completo en la campaña del aborto, y para más progresismo, el aborto hasta el mismo momento del parto y como derecho en la Constitución. Y es que, aunque ahora nos parezca una barbaridad este caso, la realidad es que si Sánchez cumple sus planes y el aborto pasa a ser libre y derecho constitucional, casos como estos los veremos a diario.