Ni el hombre es bueno ni es un demonio, es un sujeto con inclinación al mal, un pelín cabronazo pero que, al mismo tiempo, es sostenido por la gracia de Dios y tiene todos los boletos para dar el salto a una vida plena y eterna.
Pelagio era un jetas, Jansenio, un agonías. Son dos biotipos que se repiten a lo largo de la historia y que ahora mismo percibo con nitidez en España. El primero ofrece comodidad pero choca con la realidad y termina en hastío, pues topa con la tendencia natural de todo hombre de no valorar aquello que no cuesta esfuerzo.
Enseguida reconocerán a Pelagio en el "yo no he hecho nada malo", que suele ser seguido por aquello de: no existe el pecado, en tal caso el error.... y no me arrepiento de nada.
Por su parte, el jansenismo reducía tanto la libertad del hombre que, todo liberticidio acaba en agonía y, sobre todo, en orgullo o en desesperación, que vienen a ser las dos caras de una misma moneda. Un sueño de virtud convertido en pesadilla de orgullo. Es la viva imagen de la enfermedad de nuestro tiempo: la depresión.
En la sociedad española actual mucho me temo que el péndulo no se detiene, de un extremo a otro, entre Pelagio y Jansenio.
¿Coinciden en algo ambos movimientos? Sí, en que ni el uno ni el otro gozan del buen humor. El primero confunde la ironía con el sarcasmo; el segundo, la sonrisa con la mueca.