Para ser el gobierno más ecológico de la historia (con perspectiva de género) resulta que España padece los desastres ecológicos más nocivos de todos los tiempos. Igual es que no se actúa ecológicamente desde que llevan gobernando y alegan la falta de presupuesto para no proteger la ecología. Para ir la economía como un cohete no damos crédito. La mala fe de la oposición y no el esquinazo de los socios de investidura es la excusa que se usa para negar sus obligaciones ecológicas. El cambio climático es el culpable del cambio climático y antes que culpa mía es de todos. 

A lo mejor, va a resultar que en vez de migrantes lo que España va a necesitar con mucha urgencia son animales nómadas de fuera para limpiar los montes y bosques de todo ese sotobosque que arde sin piedad en los incendios, matando ecosistema, vidas humanas, fauna y bienes raíces.  

No es la primera vez que el gobierno más ecológico y feminista de España lo achaca todo al cambio climático pese a las negligencias de la mano del hombre y de buena parte de las Administraciones del Estado. Hasta los mapas del tiempo se cargan de colorines del cambio climático para que a la hora de la verdad al galgo todo sean pulgas. Lo vivimos con el volcán de La Palma, la pandemia del Covid, la Filomena, la DANA, el reparto de menas, el super-apagón, la sequía, el caos ferroviario, el vaciado de embalses franquistas y ahora los incendios. El “cambio climático” resulta que tiene NIF, nombre y apellidos. 

El gobierno más ecológico de la historia no gobierna sino tuitea, no actúa sino que se niega a intervenir y se enreda en las excusas del típico activista para eximirse de responsabilidades, como ha hecho en todas las ocasiones anteriores. Y eso que Sánchez es también la máxima autoridad en las catástrofes nacionales: presidente del Consejo de Seguridad Nacional. 

A lo mejor, va a resultar que en vez de migrantes lo que España va a necesitar con mucha urgencia son animales nómadas de fuera para limpiar los montes y bosques de todo ese sotobosque que arde sin piedad en los incendios

Cuando conviene, el mando único interesa pero para eso de “si quieren ayuda que la pidan”. Si las cosas se complican como con el Covid, entonces echan balones fuera y se traspasa la autoridad a la autonomía. 

En otros desastres naturales en Marruecos, las autoridades no abrieron la boca y España por gentileza de Su Sanchidad ipso facto mandó contingente y ayudas inmediatas para los vecinos del norte de Africa. Las víctimas en España tienen que suplicar socorro y asistir al debate de si son galgos o podencos, catedral o mezquita, cambio climático sí o cambio climático no, competencia estatal o autonómica. 

El ejecutivo más ecológico de España se refugia -como en la DANA- en la trifulca política y el chiste soez de mal gusto para desgastar a esos entes autonómicos gobernados por un PP ausente de reacciones. Los negacionistas del auxilio se ensañan con los supuestos negacionistas del cambio climático.

Creen que la erosión mediática beneficia al Gobierno a pesar de su errática política climática que le cuesta interrumpir sus vacaciones sagradas arda o no el país. Es la venganza del auto-enamorado contra los feudos del PP. Para eso Pedro Sánchez manda a sus cachorros de raza boxer agitar las masas mediáticas, actuar como lanzallamas, abrasar con lenguas de fuego y polemizar sobre las competencias en un caso claro de emergencia nacional no declarada. 

Que entre medias haya que evacuar a cientos de familias espantadas del fuego, poco importa. San Fermín hace algunas fechas que ha acabado, pero el jefe del gobierno más ecológico e igualitario del momento sigue de encierro en el búnker veraniego de La Mareta. Cuando interesa se enchufa telemáticamente en su despacho decorado a toda prisa para dar el pego de dignatario devaluado (a lo sumo de la Internacional Socialista) y en un “Kiss & Ride”  recibió las conclusiones de una reunión previa entre Trump y mandatarios europeos a la que no fue invitado por ecologista anti-OTAN. Y cuando no, imparte consignas sin alterar caprichosamente el “descanso del guerrero” pese al cambio climático incendiario. 

Las víctimas en España tienen que suplicar socorro y asistir al debate de si son galgos o podencos, catedral o mezquita, cambio climático sí o cambio climático no, competencia estatal o autonómica

El Gobierno más ecológico en democracia no tiene por suerte jurisprudencia sobre el Sahara ni la Antártida. Tampoco para cumplir el compromiso del 5% de la OTAN o incluso menos del 0,5% para prevenir y extinguir incendios, pese a las sospechas de millones en la República Dominicana sin declarar y cuantiosos casos de corrupción e indultos de cientos de millones de euros. Para invertir mil millones en Telefónica para maniquear el rumbo de la compañía a los intereses de Moncloa sí hay dinero. Es el Estado sin Estado. La misión reza: lavarse las manos pero no la boca ante la proliferación del “terrorismo ecológico” para no tragar ceniza. 

Tal vez por eso, llame la atención que en España se arranquen olivos a gran escala y en su lugar se planten huertas solares para evitar incendios pero a costa de desertizar el suelo. Como ven, todo muy ecológico. Hasta el PP se ha infectado del ecologismo feminista. Desde que limpiar el campo, los bosques y montes es motivo de sanción y pena de ley, a quién sorprende la llegada cruel del exterminador cambio climático con llamas de fuego de varios metros de altura.

España arde y echa humo con los incendios de “sexta generación” y los siniestros ambientales más duros de la historia. Además desaprovecha la biomasa como fuente energética limpia. Pero a quién interesa los desastres naturales si no es al Gobierno. Pues no, como dicen no son competentes y se resisten a declarar la emergencia nacional. Tampoco son competentes en la Dana, en las viviendas y en el apagón. De ser así para qué queremos un gobierno de la nación. Eso sí no dudan en sacarse la foto prometiendo un montón de ayudas que nunca llegan. 

Y cuando se ven acorralados por los daños causados y vidas humanas ante la falta de auxilio prestado, huyen hacia adelante solicitando ahora un Pacto de Estado (cuando el Estado es él) para atender la emergencia climática. Es tan urgente que hasta septiembre puede esperar. Ya no es la falta de presupuesto sino la negativa de los negacionistas de siempre la causa de tanto dolo por negarse a apagar humo en vez de vendernos más humo.

El machismo ecológico

Por eso nuestros ecojetas de siempre -imbuidos en tareas más arduas como soltar chistes, alabar al vanidoso amo escondido y otros metidos ahora a taberneros, como el profesor que no obtuvo puntuación suficiente sin enchufes- cobran por ello pero niegan con sus actos y omisiones las advertencias del Banco Central Europeo (BCE) que alerta de una posible caída del 10% del PIB europeo para 2100 si no se toman medidas urgentes contra el cambio climático. 

Los antinegacionistas del cambio climático también niegan desde hace siete años tomar medidas urgentes contra un aumento previsto del 16% en las emisiones globales para 2030 que vaticina la ONU, lo que llevará a un calentamiento de 2,7 grados (frente a la meta de 1,5 grados pactada en el Acuerdo de París). Pero calma. Que estamos en buenas manos sacando dinero sin presupuestar para luchar contra la menopausia del clima con el Falcon extenuado de tantos vuelos. Las zonas afectadas no pueden pedir ayuda al Estado pero sí a Europa. 

Para invertir mil millones en Telefónica para maniquear el rumbo de la compañía a los intereses de Moncloa sí hay dinero. Es el Estado sin Estado. La misión reza: lavarse las manos pero no la boca ante la proliferación del “terrorismo ecológico” para no tragar ceniza

El machismo ecologista de este país se resume así: “maté y quemé el bosque porque era mío”. La biomasa quemada en los incendios de España estos días habría calentado los hogares de media Europa durante un año, desaprovechando una fuente de energía renovable, al tiempo que tendríamos limpios los montes y creando empleo. Ni pedagogía, ni política, ni sentido común ni evidencia científica se imponen que somos nosotros quienes necesitamos la naturaleza y no viceversa. 

Con suerte pasará el verano, llegará el invierno y en la crónica de una muerte anunciada en vez de castigar a los pirómanos como terroristas y trabajar para evitar los próximos incendios, llegará un nuevo escándalo, nos echaremos de nuevo la siesta a la escasa sombra, malpagaremos a los bomberos e indultaremos a los criminales. Y dejarán que el gasto público destinado a tal fin se esfume con las mordidas y se encubra con un mítin cínico sobre el “ecologismo del cambio climático” y las bondades del fuego reparador. 

Debido a nuestros males, el recambio climático, disfrazado de controversia política, habría que jubilarlo antes del relevo generacional del calentamiento global. En otras palabras menos gentiles, parece que el cambio climático es Sánchez y España no puede tolerar los más de 400 protocolos burocráticos distintos a lo largo y ancho de este país para prevenir y extinguir incendios. Porque el próximo fuego a este paso será más exterminador.