Decía Chesterton que para un cristiano no existía la casualidad, sino la Providencia. Lo cual puede hacerse extensivo a los pueblos cristianos. La Historia de España, que el Papa ha demostrado conocer y admirar, pero que es desconocida para la mayor parte de españoles de unos cincuenta años para abajo por culpa de un sistema educativo nefasto, está jalonada de acciones providenciales de Dios y de Su Madre Santísima a las que los españoles de cada momento han respondido con agradecimiento y fidelidad.
La última de esas acciones providenciales de Dios con España ha sido, a mi parecer, la de mover hilos, voluntades y circunstancias para que el Papa visite nuestro país -su primer viaje a un país europeo- en un momento en que lo necesitábamos más que el comer, y en unos días -Corpus Christi- y con unos motivos -centenario de Gaudí, Sagrada Familia, Almudena, Montserrat- que propiciarán la actualización viva, completa e idónea del mensaje central de Cristo en la Cruz y en la Eucaristía, y la acción del Espíritu santo en los corazones, bajo el manto de María, Madre de Dios y Madre nuestra. Incluso las “trampas” que le han puesto le han servido al Vicario de Cristo para decir lo que Dios ha querido que diga.
No voy a desglosar y comentar todas las perlas maravillosas que nos ha dejado el Santo Padre en sus homilías, discursos y respuestas, así como en sus gestos de amor a la Eucaristía, a la Virgen Santísima y a los niños pequeños, pues ya los lectores de Hispanidad, además de contemplarlos por ellos mismos, han tenido la oportunidad de leer las estupendas reflexiones que nuestro director ha ido escribiendo cada día sobre ellos, y con las que estoy muy de acuerdo.
La última de esas acciones providenciales de Dios con España ha sido la de mover hilos, voluntades y circunstancias para que el Papa visite nuestro país, y en unos días y con unos motivos que propiciaran la actualización del mensaje central de Cristo en la Cruz y en la Eucaristía, y la acción del Espíritu santo en los corazones, bajo el manto de María, Madre de Dios y Madre nuestra
Con lo que me centraré en la segunda parte del “juego de la Historia”, esto es, en la correspondencia libre de los hombres a la Providencia amorosa de Dios. Más en concreto, ¿cómo vamos a responder los católicos españoles a esta lluvia de Gracias que Dios nuestro Señor nos ha regalado a través del sucesor actual de Pedro?
No les oculto que me he llevado una gratísima sorpresa con la respuesta de esta semana de mis compatriotas de todas las edades. Pensaba que “el resto del pueblo de Israel” que quedaba en España era menos numeroso. Gracias a Dios, estaba equivocado. Hay todavía varios millones de fieles que quieren seguir siéndolo y lo han demostrado elocuentemente estos días.
Pero sigo teniendo esa prevención que les comenté en un artículo anterior, a través del comentario de hace ya bastantes años de un amigo: “A Juan Pablo II se le aplaudió y vitoreó, pero ni se le leyó ni se le siguió como era debido”. Y yo me pregunto ahora: ¿Pasará lo mismo con León XIV?
He comenzado ya a rezar para que esta vez no sea así. Pero, además, me atrevo a sugerirles unas pocas cosillas que quizás Usted ya haya pensado pero que viene bien que alguien se las confirme.
La primera es que volvamos a meditar, poco a poco, en la oración y en la adoración, todas y cada una de las palabras y gestos que el Papa nos ha regalado. Y, a través de ellas, con el auxilio del Espíritu Santo, hagamos un valiente discernimiento sobre cómo debería ser nuestro obrar diario a partir de ahora, tanto por lo que respecta a nuestra santidad personal como a nuestra acción social en pro de la Verdad y del Bien Común.
En lo primero no me puedo meter, aunque le recordaría aquello de las dos vías de cada día: Rosario y Eucaristía. Que han quedado clarísimas en esta visita papal. Como también la importancia del silencio exterior y el diálogo interior, mirando y escuchando a Cristo en la Adoración Eucarística, que parece que tienen más claro lo jóvenes que los maduritos. Y, en relación íntima con esto, otra cosa que ha quedado clarísima: que la acción misericordiosa del cristiano nace de su encuentro personal con Cristo, de Su mismo Amor. Y que esta acción no se limita a cuestiones materiales, sino también y preferentemente a las espirituales.
Volvamos a meditar, poco a poco, en la oración y en la adoración, todas y cada una de las palabras y gestos que el Papa nos ha regalado
En lo segundo, sí me gustaría que considerara que la defensa de la Vida y la Familia es la “prioridad nacional” para todos los hijos de Dios en España. Todos tenemos que demostrar la misma valentía con la que el santo Padre ha actuado. Cada uno según su estado, profesión, cargo político… Lógicamente, mis primeros pensamientos se van a aquellos políticos que se dicen católicos. Hasta el más “despistado” puede entender que “no se puede creer en Jesús y matar inocentes”. O votar que se maten. O abstenerse con indiferencia. O no tener como prioridad del partido propio la lucha por la defensa de la Vida...
Después, he pensado en tantos y tantos periodistas católicos que siguen sin escribir una sola línea, o hacer programas audiovisuales, en favor de la defensa de la Vida. Ya es hora, queridos colegas, que lo hagáis.
Y, por supuesto, en aquellos directamente implicados en el tema. No creo que haya ningún médico católico que realice abortos o eutanasias, pero quizás puedan hacer mucho más para luchar para que ninguno de sus colegas lo haga, aunque sea ateo, agnóstico o mediopensionista.
La defensa de la Vida y la Familia es la “prioridad nacional” para todos los hijos de Dios en España
A raíz de este pensamiento, y esta vez con alegría, me han venido a la cabeza el gozo y el espaldarazo que habrán sentido todos esos buenos católicos que forman parte de las organizaciones pro-Vida que, ahora, espero se llenen de más voluntarios y apoyo.
En fin, me extendería mucho más, pues ¡hay tantas cosas que rehacer para recristianizar España! Pero no quiero quitarle más tiempo a su propia reflexión personal que, con la Gracia de Dios, espero, deseo y confío que será muy fructífera. Así se lo pido a Nuestra Madre ahora en la que también le he dado gracias a Dios por habernos dado tan buen Papa.