El pasado martes 17 de marzo, el Parlamento escocés rechazó el Proyecto de Ley sobre Muerte Asistida, o sea, eutanasia, que había sido promovido por el liberal demócrata Liam McArthur, recoge Aciprensa

La cámara legislativa escocesa bloqueó la iniciativa -para adultos con enfermedades terminales- con 69 votos en contra y 57 a favor (se necesitaban 64 votos para que saliera adelante).

Durante el debate, la parlamentaria -con discapacidad física- Pam Duncan-Glancy denunció que se estaba instando a los diputados “que firmen un cheque en blanco para hacer que sea más fácil elegir morir que vivir”. “Estaríamos autorizando a los gobiernos a gastar dinero en suicidio asistido en un mundo donde necesitamos desesperadamente dinero en servicios públicos que ayuden a las personas a vivir”. “No importa cuán difícil o intolerable pueda ser la vida, siempre debe haber esperanza para un mundo mejor, uno donde tengamos el derecho a asistencia práctica y apoyo para llevar vidas ordinarias”. También advirtió sobre el hecho de que “una de cada cuatro personas que necesita cuidados paliativos en Escocia no los recibe”.

Asimismo, el diputado Stepehen Kerr sacó a colación que la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio establece que la eutanasia “implica llevar a cabo intencionadamente un acto sobre la vida de cualquier persona”.

Por su parte, la política escocesa Ruth Maguire, superviviente de una grave enfermedad, afirmó: “Se me hiela la sangre al pensar en estar sentada en una sala del hospital y que un médico me plantee la muerte asistida mientras evaluamos las opciones de tratamiento”.

En el Reino Unido, un proyecto para legalizar la eutanasia en Inglaterra y Gales está actualmente bloqueado en la Cámara de los Lores por el elevado número de enmiendas. 

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Cabe recordar la carta pastoral del arzobispo católico de Edimburgo (Escocia), Mons. Leo Cushley, advirtiendo de que la legalización del suicidio asistido «erosionaría aún más la forma en que nuestra sociedad valora la vida humana, que ya ha sido gravemente socavada por el aborto legal». «Nuestra actitud ante la vida, tanto en su inicio como en su final, determinará inevitablemente nuestra forma de abordar la vida en todas las etapas intermedias, lo que a su vez afectará al tipo de sociedad que construyamos juntos», añadió Cushley. «Las leyes que hagamos sobre cómo tratamos a los que se acercan a la muerte informarán gradualmente sobre cómo se valora la vida humana en todos los aspectos».

Mons. Cushley advirtió que las «consecuencias» de un proyecto de ley de este tipo «probablemente serán graves y de gran alcance, como ya lo demuestra la experiencia en otros países». El prelado mencionó las permisivas leyes canadienses, belgas y holandesas sobre el suicidio asistido, señalando cómo tales legislaciones habían comenzado con «límites estrictos». «Legalizar la eutanasia enviaría un mensaje a toda la sociedad de que las vidas que conllevan sufrimiento físico y mental, o graves discapacidades físicas, pueden considerarse que ya no merecen ser vividas». 

«Esto no sólo es erróneo en principio -ya que ninguna vida carece de valor-, sino que también podría tener un efecto terrible y trágico en las personas vulnerables en sus momentos más débiles», añadió. 

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También hay que reseñar las palabras del Papa Francisco sobre la eutanasia: “Matar no es humano, se lo dejamos a las bestias”. 

Insistimos: la eutanasia y el suicidio asistido suponen traspasar la frontera ética de que la vida es sagrada y ni uno mismo y ni mucho menos un tercero puede disponer de ella. Esa frontera ética está en la conciencia de todas las personas del mundo. Y por eso está dentro de la ley natural: respetar la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción a la muerte natural.

Y esa frontera ética debería estar reconocida por las leyes: como el ‘no’ a la pena de muerte. Es decir, es la misma razón por la que hay que oponerse también a la pena de muerte: no con un argumento religioso, sino meramente humano y racional.

También España aprobó la eutanasia, uniéndose así al grupo de países en los que la eutanasia es legal: Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Canadá y Colombia; así como a los estados de Oregón (Estados Unidos) y Victoria (Australia).

En estos países está ocurriendo que se empieza permitiéndola sólo en casos excepcionales y por voluntad propia, pero se termina aplicándola sin restricciones, a cualquier persona e incluso en contra de su voluntad, y de manera especial a los más débiles y vulnerables: enfermos mentales, ancianos, discapacitados sobre todo intelectuales..., que no pueden defenderse ante la decisión de otros -el Estado, un médico, los jueces, los políticos, sus familiares- sobre sus vidas.

Se trata de un plano inclinado o pendiente deslizante muy difícil de parar que provoca que la vida no tenga ningún valor, especialmente la de los más débiles y vulnerables, y que sea a ellos a quienes se termine aplicando al eutanasia sin su consentimiento.