Robert Schuman creó la Unión Europea y Ursula Von der Leyen puede ser quien la destruya.
La participación de la presdiente de la Comisión Europea ha sido fundamental para que, el pasado jueves, 11-S, el Europarlamento aprobara la suspensión temporal del acuerdo de Asociación Comercial entre Europa e Israel. Los democristianos -mejor hablar ya de "populares", porque los democristianos europeos cada día tienen menos de cristianos- apoyaron la propuesta de socialistas, liberales y de los verdes (los sandía, verdes por fuera y rojos por dentro) y rompieron, temporalmente con Israel.
Los restos cristianos de Europa, que se refugian en los llamados bloques ultraderechistas -algunos son ultras de verdad, otros sólo son católicos insultados- se opusieron pero el Europarlamento lo aprobó.
¿Significa mucho esta suspensión temporal de un acuerdo de asociación comercial? En la práctica no, incluso se omitió la tontuna del genocidio, tan explotada por la izquierda española, pero como símbolo resulta venenoso.
Me explico: lo que debería haber hecho Europa es mantenerse en la línea Trump, incluso más beligerante con las bestialidades del más sionista que judío Benjamín Netanyahu. Bestialidades que, como hemos dicho, no son sólo responsabilidad suya. El tipo de guerra cruel que está llevando a cabo los israelíes en Gaza no es culpa del Ejército hebreo sino de los miserables de Hamas, terroristas que primero asesinan y luego se esconden, con rehenes, detrás de sus propios hijos y le explican al mundo que los judíos les están matando a tiros y por hambre.
Mientras, los sinvergüenzas de Hamas, a quienes no soportan, no ya el resto de países árabes, sino los propios palestinos de Cisjordania, se han convertido en el ídolo de la España sanchista, cuya progresión en la chifladura avanza a medida que desciende en intención de voto
Hamas nunca se enfrenta a los israelíes en el campo de batalla. sólo se dedica a asesinar civiles y a esconderse luego, utilizando a sus mujeres y a sus hijos como escudos.
Pues bien, la democristiana Ursula Von der Leyen ha dado luz verde a la acogida del fanatismo islámico que está conquistando Europa. Con ello, Ursula Von der Leyen propicia que Europa rompa con Israel y divide aún más al Occidente cristiano.
Si Europa se hubiera mantenido en la misma línea de Estados Unidos, que apoya a Israel pero intenta -a veces desearía que con más entusiasmo- que la bestia de Netanyahu no se pase, todo habría ido bien. Pero con su aprobación, el Parlamento europeo no ha hecho otra cosa que dividir aún más a la Europa cristiana, justo en el momento en que el viejo continente sufre la invasión arrogante de los mahometanos.
Eso sí, el sionista Netanyahu ha vuelto a arremeter contra España y se remonta a la inquisición y a la expulsión de los judíos, en 1492. El origen ha estado en otra de las desafortunadas intervenciones de Pedro Sánchez, quien, en su habitual deseo de ser la novia en la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro ha pronunciado una frase, retorcida como una viruta, en la que aseguraba que era una pena que España no tenga armas nucleares ni portaaviones para detener a Israel. A bodas me convidan, pensó Netanyahu, ha retorcido sus palabras acusándole de amenazar a Israel con su desaparición. Desgraciada e interesada declaración de Pedro y exageradísima respuesta de Benjamín, quien, ya de paso, ha sacado a colación la Inquisición, como si ésta se hubiese creado contra los judíos y o contra los herejes cristianos, o la expulsión de los judíos en 1492, Sinceramente, si los Reyes Católicos hubieran tenido en España sefardíes del r¡tipo Netanyahu yo también les hubiera expulsado.
En cualquier caso, doña Ursula, la bruja del mar, no ha hecho más que alentar y multiplicar la invasión musulmana de la Europa cristiana... y democrática. A lo peor los ingleses tenían razón cuando lo del Brexit.
Mientras, los sinvergüenzas de Hamas, a quienes no soportan, no ya el resto de países árabes, sino los propios palestinos de Cisjordania, se han convertido en el ídolo de la España sanchista, cuya progresión en la chifladura avanza a medida que desciende en intención de voto.