De repente, Donald Trump, que no da puntada sin hilo, en contra lo que creen los papanatas de la TV pública española, asegura que la guerra contra Irán está "casi terminada". Es el mismo Trump que días antes había hablando de que la guerra se prolongaría durante mes y medio, lapso que, en este tipo de enfrentamientos bélicos, es muy largo, porque hablamos de bombardeos desde el aire. 

Y lo cierto es que la capacidad militar de la República Islámica ha quedado menguada. Ahora bien, si no hay cambio de régimen en Teherán, Estados Unidos habrá fracasado. Por el momento, Trump no ha conseguido ni una Delcy, que no deja de ser un mal menor, ni una Corinna para dirigir Irán, ni tampoco una ayatolá moderada, suponiendo que no se trate de una contradicción 'in terminis'. 

 

 

Eso sí, la justificación ética del ataque contra Persia, que no me gusta por ser un ataque agresivo, que no defensivo, se justifica por las cifras. Toneladas de bombas han caído sobre Teherán pero norteamericanos e israelíes han atacado a los jefes de Irán y a sus instalaciones militares. 

Ciertamente han provocado víctimas civiles inocentes pero, a la postre, según el propio Teherán, los muertos han sido 1.200... cuando los ayatolás, según las organizaciones independientes, asesinaron a 30.000 iraníes en las recientes protestas ciudadanas contra el régimen liberticida.

Además, Estados Unidos ha conseguido detener a China y Rusia, crecidas ante la repugnante cobardía europea, y más ante aún, ante la más repugnante traición española a Occidente, que responde a las ramas con comunicados del dulce Albares, hablando de diálogo, distensión, derecho internacional... y la paz en el mundo. 

Estados Unidos ha conseguido detener a China y Rusia, crecidas ante la cobardía europea. Pero cuidado: persiste el peligro de una guerra global con epicentro en Irán, con protagonismo chino y atonía de la degenerada Europa

Lo más importante: persiste el peligro de una guerra global con epicentro en Irán y con protagonismo chino y atonía de la degenerada Europa. Sí, Estados Unidos no ha dirigido a Occidente hasta ahora, hasta el siglo XXI. Era Europa quien lo hacía, apoyada en unos firmes e insuperables principios cristianos y no por la fuerza de las armas sino por algo más poderoso: la fuerza de la justicia. Ahora, la descristianizada Europa no es capaz de dirigirse ni a sí misma. 

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Pues bien, persiste el peligro de una guerra global y nuclear, el golpe a Irán afecta, sobre todo, a China, que ha perdido ya dos de sus petróleos baratos: Venezuela y China. 

La exhibición de fuerza de Estados Unidos ha parado los pies a China y Rusia. Esa es la parte buena. La peor es que Pekín se vea acorralado y cree un ambiente irrespirable que aprovechará cualquier chiflado, un Kim Jong-un, por ejemplo, para generar una guerra nuclear. No olvidemos que fue un tal Xi Jinping quien amenazó el mundo con malicia oriental y con Putin a su lado: "La humanidad tendrá que elegir entre la paz y la guerra".

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El malo no es Trump, el malo es el chino Xi Jinping. Ahora bien, o el presidente norteamericano consigue acabar con el Régimen islámico de Irán o habrá fracasado.