En esta crónica semanal sobre Hispanoamérica, recogemos noticias destacadas ocurridas en la región compuesta por países hermanados en la Hispanidad (que tienen en común su fe cristiana, su cultura y su lengua y cuya patrona es la Virgen del Pilar) y tratando de defender los principios no negociables -vida, familia, libertad de enseñanza, bien común y libertad religiosa- establecidos por el Papa Benedicto XVI para una acción política basada en el humanismo cristiano.

Esta semana empezamos en Perú, donde se celebraron elecciones presidenciales el pasado domingo 12 de abril. La candidata de Fuerza Popular Keiko Fujimori; y Rafael López Aliaga (Renovación Popular) probablemente pasen a la segunda vuelta que se celebrará el próximo 7 de junio.

El candidato de Renovación Popular, Rafael López Aliaga, es contrario al aborto, a las uniones civiles del mismo sexo, a la adopción por parejas homosexuales y a la eutanasia.

Mientras que Keiko Fujimori (Fuerza Popular) acepta el aborto en caso de peligro de vida para la madre. Y también está en contra del matrimonio homosexual y de la eutanasia

En ese contexto, el obispo de Tacna y Moquegua, Mons. Marco Antonio Cortez Lara, deseó: “No creo que tengamos que pensar que es un imposible, una utopía desear y exigir que quien detente y quien desee llegar a este cargo tan importante y trascendental tenga esa capacidad y esas cualidades de entregarse, de sufrir por el país y no de hacer sufrir al país”, según recoge Aciprensa

Mons. Marco Antonio Cortez Lara pidió que el nuevo presidente sea alguien “que sirva, que la autoridad sea servidor y no que se sirva del cargo”.

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Nuestro siguiente destino es Nicaragua, donde la dictadura de Daniel Ortega sigue persiguiendo a los cristianos. En concreto, las últimas cifras recogidas por Aciprensa cuantifican 309 religiosos —entre obispos, sacerdotes y monjas— obligados a irse del país y 39 propiedades de la Iglesia confiscadas.

Según el último informe sobre libertad religiosa 2025 de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), en Nicaragua, “durante el período estudiado en este informe, se intensificó la hostilidad del Gobierno hacia las Iglesias, violando gravemente el derecho fundamental a la libertad religiosa. La persecución se manifestó en detenciones arbitrarias, exilios, destierros, expulsiones, privación de la nacionalidad, profanación de ritos y símbolos religiosos, prohibición de celebraciones religiosas públicas y cientos de casos de revocación del estatus jurídico. Además, la reforma constitucional y la nueva legislación han dotado al régimen de los medios para ejercer un control total sobre las entidades religiosas. Las organizaciones internacionales consideran que Nicaragua es uno de los países con los niveles más altos de persecución religiosa. Las perspectivas para el futuro de este derecho fundamental siguen siendo profundamente preocupantes”.

En ese contexto, el obispo nicaragüense Silvio Báez, exiliado desde 2019, dijo en una homilía en la iglesia Santa Agatha en Miami, Florida (Estados Unidos): “Los sistemas políticos que se imponen con terror sobre las personas, arrebatándoles su libertad, son enemigos de la paz”. “Aunque hablen de paz, si reprimen, controlan, encarcelan y obligan al exilio, son enemigos de la paz. Porque la paz no es un simple equilibrio de fuerzas, ni se identifica con la tranquilidad de los cementerios. No debemos acostumbrarnos a la falsa paz y a la engañosa normalidad que los dictadores quieren imponer con el miedo y con las armas, sólo para conservar sus privilegios”. 

A la vez,  el opositor nicaragüense Félix Maradiaga ha anunciado que pedirá a Organización de Estados Americanos (OEA) que declare como ilegítimo al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, recoge Aciprensa

Maradiaga, que preside la Fundación para la Libertad de Nicaragua, advirtió: "Si el régimen sandinista se mantiene en pie, utilizará todos los medios a su alcance para desestabilizar a sus vecinos y proyectar su modelo de control político en otros países de la región”. 

Además, enfatizó que la dictadura ataca a la Iglesia católica "porque reconoce en ella una autoridad moral que no controla y una capacidad de convocatoria que no puede absorber” y “representa una de las pocas reservas morales e institucionales capaces de ofrecer sentido, cohesión y esperanza a una sociedad sometida al miedo”. “Cuando una dictadura busca dominarlo todo, la fe se vuelve peligrosa para el poder precisamente porque recuerda que la persona humana no pertenece al Estado”.