Trump es un político cristiano. Por eso está mal visto. Pero de Trump no me gusta lo importante; sus principios y su coherencia con ellos.

Ejemplo: ahora se le coloca como el ser más belicista, pero lo cierto es que lo que Trump ha reinventado es el tiranicidio, aquella posibilidad que la Escuela de Salamanca, maestra en derecho natural, e inventora del derecho internacional, marcara como justificable. 

Trump no ha invadido Venezuela, sino que ha secuestrado, no matado, a Nicolás Maduro, el tirano. Trump no ha invadido Irán, sino que ha matado a Ali Jamenei y a otros líderes de la República Islámica.

En Venezuela le ha salido bien, en Irán mal, pero la técnica es la misma: tiranicidio: acabar con el tirano, ni con el ejército enemigo, guerra abierta, ni con el pueblo. Sin duda, el tiranicidio es la guerra menos dañina. 

Relacionado

Ahora bien, el peligro de guerra global se extiende en un mundo global. Un peligro que existe y que viene abonado porque la guerra terrorista persiste. Esa guerra consiste en que el terrorista mata y luego se esconde detrás de sus hijos. De esta forma, quien le persigue para que pague por sus delitos no puede hacerlo sin asumir el riesgo de que va a matar... a los hijos del terrorista, a su escudo. 

Pero el tiranicidio, la guerra de Trump, evita muchas muertes. Lo que ocurre es que a veces funciona y a veces no.