Ayer recogió Hispanidad la muerte del sacerdote maronita Pierre el Rahi, fallecido como consecuencia de las heridas que sufrió tras recibir el impacto de un proyectil lanzado por el Ejército de Israel, en la localidad de Qlaya, en el sur de Líbano.
El ataque judío se produjo en el contexto de las operaciones militares iniciadas por EEUU e Israel, el pasado 28 de febrero, contra el régimen islamista de los ayatolás en Irán y contra sus aliados en Oriente Medio, entre ellos, el movimiento proiraní y chií Hezbolá.
En ese contexto, Israel sigue realizando operaciones militares en el Líbano contra Hezbolá. Y ha llegado a pedir a los habitantes de los suburbios del sur de Beirut (zona de Dahieh) que “salven sus vidas y evacúen de inmediato” ante sus ataques inminentes.
Lo cual es una salvajada y absolutamente injusto. Porque a nadie se le puede obligar a abandonar su hogar.
Y por eso, según publica ABC, cristianos del sur del país se han negado a abandonar sus casas, pese a la imposición judía de que se vayan de allí.
Asimismo, Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) cuenta que en el sur del Líbano hay aldeas predominantemente cristianas, como Qlayaa, Marjayoun o Alma Sha’b. Y que muchos de sus habitantes han decidido quedarse.
ACN ha hablado con Alma Sha’b, el corobispo maronita Maroun Youssef Ghafari: "Les apoyamos en esta decisión: nos quedaremos a pesar de la guerra”. "Experimentamos la destrucción del 90% de las casas cuando nos vimos obligados a marcharnos completamente a finales de septiembre de 2024. Estamos convencidos de que si nos vamos de nuevo, por cualquier motivo, no nos permitirán volver”.
«Desde el 28 de febrero de 2026, hemos vivido tiempos difíciles, porque han caído proyectiles en el pueblo o en sus afueras, dañando algunas casas, pero hasta ahora aquí nadie había resultado herido”, añade.
Según explica el sacerdote a ACN otros pueblos cristianos fronterizos han tomado la misma decisión. «Hemos tomado las medidas necesarias con el nuncio apostólico, las autoridades eclesiásticas y locales, así como con la UNIFIL (Fuerza Interina de las Naciones Unidas en Líbano), y les hemos informado de que esta vez no nos iremos de aquí». «Aunque en tiempos de guerra no existe ninguna garantía», afirma Maroun Youssef Ghafari.
«Si la Iglesia universal no cuida de estos pueblos dispersos a lo largo de la frontera, que no tienen más de quince aldeas cristianas dañadas, corren el riesgo de sufrir el mismo destino que los cristianos de Tierra Santa», advierte. «Esperamos que no desaparezcan con el tiempo. Por su apego a su tierra santa, ofrecen el testimonio más hermoso de fidelidad y perseverancia».