Como ha venido recogiendo Hispanidad, EEUU está sometiendo al régimen cubano a una presión asfixiante consistente en cortarle el suministro de petróleo. 

De hecho, Donald Trump firmó el pasado 29 de enero una orden ejecutiva por la que la Administración estadounidense impondrá aranceles a aquellos países que vendan o suministren petróleo a la isla. 

El inquilino de la Casa Blanca lo justificó en que "el Gobierno de Cuba ha tomado medidas extraordinarias que perjudican y amenazan a Estados Unidos. El régimen se alinea con numerosos países hostiles, grupos terroristas transnacionales y actores malignos adversos a Estados Unidos, a los que proporciona apoyo", como Rusia, China, Irán y grupos como Hezbollah y Hamas. En consecuencia, “las políticas, prácticas y acciones del Gobierno de Cuba constituyen una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”. 

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En esa situación, el pasado 5 de febrero el dictador cubano Miguel Díaz-Canel se mostraba dispuesto a un "diálogo con EEUU" sobre "cualquier tema", para construir "una relación entre vecinos civilizada" y de "beneficio mutuo", pero, siempre desde una "posición de respeto" a la "soberanía" y la "autodeterminación" del país caribeño sin "abordar temas" que se puedan "entender como injerencias".

Entre las temáticas que, según dijo Díaz-Canel, Cuba estaría dispuesto a abordar con Estados Unidos, están los "temas migratorios, de seguridad, de la lucha contra el narcotráfico, la lucha contra el terrorismo, medioambientales (…) la colaboración científica", entre otros.

Cabe recordar recordar que, tras la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro por EEUU el pasado 3 de enero, el presidente estadounidense, Donald Trump, instó el pasado 11 de enero al régimen cubano a «llegar a un acuerdo»: «Les invito vehementemente a llegar a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde (…). No habrá más petróleo ni dinero para Cuba. ¡Cero!».  

El inquilino de la Casa Blanca no ha detallado más en qué consiste ese acuerdo. Pero analistas apuntan a la exigencia de Trump de cambios políticos o de régimen, una disminución de la influencia militar cubana en la región, etc.

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En este contexto, el Gobierno cubano ha avisado a las compañías aéreas de que a partir de este lunes la isla no dispone de combustible para abastecer a los aviones. Algo que es un desastre para la economía cubana, que sobrevive únicamente gracias al turismo internacional.

Así las cosas, el pasado 5 de febrero el Gobierno de EEUU emitió un comunicado en el que decía, literalmente: "Aprovechando el éxito de la asociación recientemente anunciada con la Iglesia Católica y Caritas, la Administración Trump está anunciando 6 millones de dólares adicionales en asistencia directa para el pueblo cubano.

Esta asistencia se entregará a través del mismo canal que los primeros 3 millones de dólares en asistencia, con productos preenvasados ​​transportados desde Miami y entregados por representantes parroquiales locales. Este método ha demostrado ser muy eficaz para garantizar que el fallido régimen cubano no pueda interferir ni desviar la asistencia destinada a la población necesitada de la isla.

Al igual que con el primer tramo de asistencia exterior directa, no quepa duda: el régimen no debe hacer ningún esfuerzo por interferir con la prestación de este apoyo vital. Seguimos atentos a cualquier desvío o frustración de los esfuerzos de asistencia de Estados Unidos, y el régimen será responsable ante Estados Unidos y su propio pueblo por cualquier interferencia.

Más allá de este tramo de asistencia, Estados Unidos está dispuesto a brindar un apoyo directo aún mayor al pueblo cubano. El régimen corrupto simplemente debe permitirlo".