Mesopotamia es la cuna de nuestra civilización. Allí situaba la tradición el Jardín del Edén. De allí salió Abraham hacia la Tierra Prometida, muchos siglos antes de que Grecia diera el salto civilizatorio que la convirtió en una de las tres columnas de nuestra cultura occidental.
Hoy con la guerra de Irán, los ojos del mundo vuelven a mirar a esta región. Gran parte de la dinámica de este conflicto gira alrededor de la región del Éufrates, el gran río que atraviesa Turquía, Siria e Irak y que se encuentra en la frontera histórica del mundo bíblico.
Ese río aparece de forma sorprendente en el Libro del Apocalipsis, y no una sola vez, sino dos veces. Ambas veces relacionado con una guerra gigantesca.
La primera mención al río Éufrates se da en Ap 9,14-16, es la sexta trompeta. El texto dice así:
Y le decía al sexto ángel, al que tenía la trompeta: «Suelta a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río, el Éufrates». Quedaron sueltos los cuatro ángeles que estaban preparados para aquella hora y día y mes y año, para matar a la tercera parte de los hombres. Y el número de las tropas de caballería era doscientos millones; yo oí su número. En la visión vi así a los caballos y a sus jinetes: tenían corazas de fuego, jacinto y azufre; las cabezas de los caballos eran como cabezas de león, y de sus bocas sale fuego, humo y azufre. Por estas tres plagas que salían de su boca, fuego, humo y azufre, murió la tercera parte de los hombres.
La escena describe cuatro ángeles liberados en el Éufrates y la aparición de un ejército inmenso, al cual le sigue una devastación que alcanza a una gran parte de la humanidad. Durante siglos este número parecía imposible. Ninguna potencia histórica podía movilizar una fuerza semejante. El número puede ser alegórico, de hecho, posiblemente lo sea. Lo que nos quiere decir el texto es que un evento que sucede en Oriente Medio desata la movilización de China, único país que puede poner en marcha un ejército inmenso.
Más adelante el Apocalipsis vuelve a mencionar el mismo río, en Ap 16,12:
El sexto derramó su copa sobre el gran río, el Éufrates, y se secó su agua, de forma que quedó preparado el camino de los reyes que vienen del Oriente.
Aquí el texto no habla del número de soldados, sino de su origen, oriente.
Ahora veamos estos dos textos según la clave interpretativa del argentino P. Leonardo Castellani. Según él, siguiendo a otros autores, el Apocalipsis no se desarrolla en línea recta, sino más bien en forma espiraloide. El libro describe los mismos acontecimientos finales varias veces. Avanza y luego retrocede para contarnos lo mismo, pero cada vez desde una perspectiva distinta. Así, las series de los siete sellos, las siete trompetas y las siete copas no son momentos diferentes de la historia, sino distintas miradas sobre el mismo proceso. Eso, con independencia de que hayas otras lecturas posibles, porque es propio de este libro que cada palabra tenga diversos sentidos.
Desde esa perspectiva, las dos menciones del Éufrates no describirían dos guerras distintas, sino el mismo acontecimiento visto desde dos ángulos, ya que ambas corresponden al sexto de los siete elementos de su serie. Una visión nos dice cuántos soldados hay, la otra nos dice de dónde vienen. El resultado es muy claro, un ejército gigantesco procedente de Asia.
Así, vemos que esta guerra encaja con los acontecimientos profetizados, como he apuntado en numerosas ocasiones en estas páginas de hispanidad.com. Durante siglos estas imágenes de ejércitos gigantes, guerras globales y capacidad de devastación planetaria parecían imposibles. Hoy son un escenario posible. La convergencia de conflictos en torno al Éufrates, la movilización de potencias asiáticas y el riesgo creciente de escalada global encajan de manera inquietante con el marco profético descrito en el Apocalipsis.
Desde agosto de 2023 cuando publiqué Señales del fin vengo advirtiendo de que hay señales proféticas que empiezan a hacerse visibles. Cuando eso ocurre, lo prudente es mirar la realidad con atención y con visión sobrenatural. Porque las profecías no son cuentos chinos, describen un futuro al que la obcecación humana, la apostasía y el endurecimiento del corazón nos terminarán conduciendo.