“La sociedad española no es consciente del problema al que nos enfrentamos” afirmó la pasada semana la fiscal antidroga de Huelva, Ana Isabel Laso, en una conversación con El Mundo. “España, lentamente, se está convirtiendo en un narcoestado”, señaló.

El asunto es muy serio aunque al Gobierno de Pedro Sánchez no parece importarle demasiado, ni siquiera tras la muerte de dos guardias civiles en Barbate (febrero de 2024) y la de otros dos agentes el pasado 8 de mayo, durante la persecución a una narcolancha. Querer es poder. Por ejemplo, cuando nos confinaron a todos durante el Covid, qué rápido desplegó el Gobierno a las Fuerzas del Orden para que nadie se saltara las normas.

Lo del narcotráfico ya está en niveles muy preocupantes y Laso lo tiene claro:

“Soy partidaria de usar la Armada española para combatir al narco. No para entrar en guerra con ellos, pero sí como medida de carácter disuasorio. Saquemos a nuestros militares al mar. ¿Está España dispuesta a eso?” concluyó.

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No es por nada, pero es la misma tesis de Trump con el narcoestado de Venezuela. Y la misma tesis que hemos defendido en Hispanidad: para luchar contra los narcos debemos hacerlo con las armas con las que les podamos vencer. Y actualmente los narcos utilizan armas de guerra.

Las preguntas, en cualquier caso, siguen en el aire: ¿Por qué el Gobierno no lucha decididamente contra el narcotráfico? ¿Por qué Marlaska le niega los medios necesarios a la Guardia Civil y a la Policía Nacional? Porque las cosas no suceden porque sí ni son accidentes laborales.