Atención a las palabras de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en la Asamblea regional. La madrileña daba réplica a Manuela Bergerot, portavoz de Más Madrid.
Tras un ataque de Bergerot a los hombres, Ayuso se lamentaba de qué tipo de hombres conocerá la izquierda para opinar así, e invitaba a las de Más Madrid a ir "solas y borrachas" a Teherán, capital de Irán, o "con minifalda a Kabul", principal ciudad de Afganistán: "Ánimo, vayan allá y llévense a sus amigos gays, a ver cuándo les van a colgar de las grúas, porque es así como tratan a la homosexualidad y a las mujeres en esos países tan ensoñados de los que tanto ustedes presumen".
Ayuso a la izquierda española: «Les animo a irse solas y borrachas a Teherán, o en minifalda a Kabul, y llévense a sus amigos gais, a ver cuánto tardan en colgarles de una grúa». pic.twitter.com/11D2O8QZdx
— Informe Orwell (@InformeOrwell) March 5, 2026
En unos treinta segundos Ayuso retrata la incoherencia de la izquierda, muy progresista, hasta que se habla del islam, ahí ¡vivan los velos, la sumisión de la mujer y la inexistencia de derechos humanos!
Les animo a ir solas y borrachas o en minifalda por Teherán o Kabul. Ánimo. pic.twitter.com/FRTF59J53c
— Isabel Díaz Ayuso (@IdiazAyuso) March 5, 2026
Solo hay que recordar a le diputade de Más Madrid que se embarcó en la Flotilla de la Libertad y decía tener más miedo de "los soldados israelíes que de la población palestina". Y es que nunca es tarde para recordarle a Bergerot y al resto de feministas defensoras del islam que la homosexualidad y la transexualidad están castigadas con pena de muerte en la ley islámica. Hablamos de una religión en la que su líder Mahoma se casó con una niña de unos 9 años, en la que el matrimonio de un hombre con más de una mujer es jaleado, en el que la infidelidad de la mujer al marido está castigada con la lapidación, en la que la mujer no pinta absolutamente nada y es vista como un objeto y en la que todas las mujeres, por la condición de serlo, deben ir tapadas de arriba abajo. No deja de sorprender el amor de las feministas de nueva generación por el islam.